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Martes, 25 de abril de 2006
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CULTURA
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Una biografía retrata a Mao como un violento que quiso dominar el mundo
Jung Chang y Jon Halliday realizaron más de 300 entrevistas y emplearon diez años de investigación para el libro
Una biografía retrata a Mao como un violento que quiso dominar el mundo
MATRIMONIO. Los autores muestran un ejemplar de su libro. / EFE
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EL LIBRO
Autores: Jung Chang y Jon Halliday.

Título: 'Mao. La historia desconocida'

Editorial: Taurus.

Páginas: 1.032.

Precio: 28 euros.

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Más 300 entrevistas y diez años de investigación han precisado la escritora china Jung Chang y su marido, el historiador británico Jon Halliday, para retratar a Mao tse Tung, un líder que «creyó en la violencia y actuó guiado por una única fantasía, dominar el mundo».

'Mao, la historia desconocida' (Taurus), firmado por los dos autores, destapa el engaño y la ignorancia que envuelven la vida del tirano, cuyo retrato todavía preside en Pekín la céntrica plaza de Tiananmen. En Gran Bretaña, donde residen los autores, el volumen vendió 150.000 ejemplares el primer mes. En China ha sido prohibido, pero la obra va a publicarse en Taiwán y en Hong Kong.

Uno de los grandes mitos que destruye esta biografía es el de la Larga Marcha. Chang y Halliday sostienen que jamás existió su principal batalla, la del puente de Dadu en 1935, y revelan que el fundador de la República Popular, de origen campesino, no lideró una revolución a favor del campesinado, y sí causó la muerte de 40 millones de personas en la mayor hambruna de la historia. Mao «nunca aplicó principios democráticos», sino que «fue el responsable de la muerte de 70 millones de personas en tiempos de paz». «Ni de Hitler o Stalin puede decirse tanto», argumentan.

Conocida por su aclamado libro sobre China 'Cisnes salvajes' (1991), Jung Chang nació en Yibin en 1952, a los 14 años fue miembro de la Guardia Roja, después campesina, 'médica descalza' y trabajadora del metal, antes de estudiar inglés y convertirse en profesora de la Universidad de Sichuan, hasta que se trasladó al Reino Unido, en 1978.

«Nunca imaginé que íbamos a encontrar tanto material desconocido sobre la vida de Mao», comentó ayer esta lingüista china que, como su marido, tuvo acceso al voluminoso material sobre el maoísmo de los recién abiertos archivos históricos de la URSS. Chang quedó «terriblemente impactada» al conocer, por ejemplo, «el trato que dio Mao a sus mujeres».

A su segunda esposa, que llamó «el amor de su vida», Mao la abandonó con tres hijos, el menor de cuatro meses. Con la tercera tuvo mucha descendencia, que dejó morir indiferente a su dolor. A la cuarta, la 'vendió' a los generales, a cambio de que le dejaran «morir en la cama», cuando temió un golpe del Ejército que acabara con su vida.

Hambruna provocada

En el terreno político, Halliday destacó cuánto le sorprendió «comprobar que Stalin conoció a Mao a finales de los años 20 y que fue el dictador soviético quien lo erigió a líder del partido comunista chino». Los profesores Chang y Halliday entrevistaron a unas 150 personas del entorno político de Mao (1893-1976), a su hija y a la viuda de su hijo mayor. Entre los dirigentes extranjeros, cabe citar a los presidentes de Estados Unidos Gerald Ford y Goerge Bush padre, al secretario de Estado Henry Kissinger, al Dalai Lama y al español Santiago Carrillo.

Halliday precisó que aún quedan miles de detalles por conocer de las relaciones China-Rusia, pero comentó que «mucha gente en el país quiere saber la verdad y nos ayudó en la investigación; hasta amigos de Mao de 1914 que siguen vivos nos contaron anécdotas de sus primeros años».

Del legado de Mao perdura «un férreo control de la información, con una libertad de prensa inferior a la de hace un siglo», pero sobre todo -dijeron- «el monopolio de un poder político que criminaliza el pluralismo político».

El libro describe la construcción del régimen del terror, alude al nuevo equilibrio tras el final de la Segunda Guerra Mundial y señala que, en el intento de convertir la República Popular en una superpotencia, Mao «dejó que se agudizara la hambruna para poder exportar alimentos a la URSS a cambio de material nuclear».

«Ignoro cuánto habrá que esperar para que la imagen de Mao se retire de Tiananmen», responde una «afligida» Jung Chang, mientras su marido aventura que «quizás falte otra generación hasta que los chinos puedan abrir los ojos». De los maoístas en Occidente, precisan, «quedan muy pocos con sus ideas fantasiosas en la cabeza».



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