Estamos ante un 'remake' de la película de igual título que en 1968 escribió y dirigió Melville Shavelson con Henry Fonda y Lucille Ball, una comedia familiar que planteaba el matrimonio de dos viudos y la unión casi imposible de sus dos familias numerosas. La primera reserva de esta nueva versión viene por la realización del poco acreditado director Raja Gosnell, el mismo que perpetró las dos entregas de 'Scooby Doo'. La segunda viene de su escasa oportunidad y novedad después de las dos partes de 'Doce en casa', que ya se encargaron de recoger toda la colección de traviesos 'gags' que una tropa de críos incontrolados era capaz de generar.
A pesar de estas reservas, lo cierto es que la película cumple su objetivo de tratar de divertir a pequeños, y no tanto, con una sucesión inagotable de cacharrazos, batacazos y diabluras en las que no falta un buen grado de destrucción en una maravillosa casa, que terminará por relucir como los chorros del oro. Tampoco falta el canto a la fraternidad a esa relación entre hermanos, en principio incompatibles, que terminarán por congeniar a la perfección, salvando esa institución en vías de extinción llamada familia numerosa. Pero numerosa de verdad, no como las de ahora.
Además del pringue que generán los hermanos forzosos en sus múltiples enfrentamientos, la película viene bien sazonada de almíbar, pero eso es algo que no debe llamar la atención, pues la propuesta lo requiere así. Lo cierto es que los más jóvenes que llenan la sala ríen, se divierten y aplauden al final. Por algo será.