Batasuna respondió ayer de forma oficial a los primeros actos de kale borroka registrados desde que ETA decretara hace un mes un alto el fuego permanente. Aunque rehusó condenar tanto el incendio que asoló la ferretería de un concejal de UPN en Barañain la madrugada del sábado como el lanzamiento el domingo de varios 'cócteles' contra una oficina de seguros en Getxo, la formación ilegalizada sí quiso poner cierta distancia con unas acciones que calificó como «muy graves» y que deseó que acaben «cuanto antes», igual que «la violencia estructural por parte de los Estados».
Las dos atentados de terrorismo callejero de este fin de semana han puesto en entredicho la verosimilitud de la declaración efectuada por la banda armada el pasado 22 de marzo. A pesar de que hace una semana el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunciaba que la tregua es «real» tras analizar los informes policiales recibidos, el propio jefe del Ejecutivo reconocía horas después del ataque de Barañain que estos atentados son «inadmisibles» y el nuevo ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, reiteraba que son «incompatibles» con un proceso de paz.
Fuentes de la lucha antiterrorista ya advirtieron poco después del anuncio de alto el fuego que la voluntad real de ETA se comprobaría si cesaba la extorsión a empresarios y la kale borroka. Incluso, Rodríguez Zapatero ha anunciado que no acudirá al Congreso de los Diputados a pedir autorización para entablar un diálogo con la organización terrorista hasta que se verifique que la decisión de ETA engloba todo tipo de violencia.
En este contexto, la reacción de Batasuna era muy esperada. El encargado de hacerla pública fue uno de sus portavoces, Joseba Permach, que compareció en una rueda de prensa en un hotel de San Sebastián junto con Pernando Barrena. El dirigente abertzale, que no admitió preguntas de los periodistas, se limitó a leer un comunicado y a hacer suya la declaración efectuada el sábado por la plataforma municipal de Barañain ilegalizada por el Tribunal Supremo por su vinculación con Batasuna. Barañaingo Irrintzia se solidarizó con los afectados, reconoció la «gravedad de las consecuencias» de los ataques y reclamó una «reflexión».
Hogares abandonados
Con un argumento muy similar, Permach admitió ayer que hechos «como los de este fin de semana» son «muy graves» y deseó que acaben «cuanto antes». Fue la parte 'amable' de un discurso en el que también recalcó que su formación se «solidariza» con los afectados por el incendio de Barañain, «que ha llevado a que decenas de familias tengan que abandonar sus viviendas».
Pero, por otro lado, remarcó el perfil más duro y 'tradicional' de Batasuna al considerar que la respuesta del Gobierno central al alto el fuego ha sido «más que negativa», con una serie de actuaciones -como la encarcelación de «referentes» de la izquierda abertzale- que situó en una «estrategia represiva».
Así, y aunque manifestó su esperanza de que se superen «todas esas expresiones de violencia» -en alusión a la kale borroka-, Permach también dejó claro que su objetivo es que tampoco haya «detenciones, torturas, encarcelamientos, que no se mantenga la dispersión, la ilegalización ni una violencia estructural por parte de los Estados que nos niega como pueblo».
La intervención de Permach no fue la única. Otros dos significativos miembros de la izquierda abertzale también se distanciaron, aunque sin llegar a condenar, de los ataques de Barañain y Getxo. Horas antes de hablar el portavoz de Batasuna, el secretario general de LAB, Rafa Díez, afirmó que hay que «seguir trabajando» para que «desaparezcan todas las violencias». El líder sindical reconoció que se están produciendo actos que son «bastante incompatibles» con un escenario de paz, entre los que citó la kale borroka, las detenciones o la ilegalización de Batasuna. Por su parte, el responsable internacional de esta formación, Joseba Álvarez, insinuó en Lisboa que estas acciones no tienen origen en la izquierda abertzale. «Hay que mirar a quién interesan, ser muy prudentes y no caer en provocaciones. Hay sectores interesados en enturbiar el proceso», afirmó.
El distanciamiento público de Batasuna con la kale borroka no es nuevo. Meses antes de la tregua de 1998, destacados dirigentes como Díez o Arnaldo Otegi ya mostraron su rechazo por unas acciones que, señalaban, «generan crispación».