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Martes, 25 de abril de 2006
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POLÍTICA
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El Senado rechaza el veto del PP al Estatuto de Cataluña
Carod cree «un peligro» para la integridad estatal el nuevo texto, porque deja insatisfechos a muchos catalanes Las enmiendas, sin visos de prosperar, se votarán el viernes
El Senado rechaza el veto del PP al Estatuto de Cataluña
EN EL SENADO. Los miembros de la Comisión General de las Comunidades Autónomas, antes de reunirse para designar la ponencia. / EFE
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El Senado rechazó ayer en ponencia el veto presentado por el Partido Popular a la reforma del Estatuto de Cataluña aprobada por el Congreso de los Diputados el pasado 30 de marzo. Ninguna fuerza parlamentaria respaldó la pretensión del principal partido de la oposición de devolver el texto al Congreso con la mácula de una reprobación de la Cámara territorial. El debate salió así intacto de su primer asalto senatorial, y es previsible que también lo haga en el siguiente. En cualquier caso, los populares lograron alargar una discusión que el resto de las formaciones pretendía resolver en pocas horas.

Los grupos tenían intención de discutir ayer mismo las 142 enmiendas planteadas al proyecto y cerrar en un solo día la ponencia designada por la mañana por la comisión general de las comunidades autónomas; pero el presidente del Partido Popular catalán, Josep Piqué, puso las cosas difíciles, se extendió en la defensa del veto más de lo esperado y obligó a sus contendientes a entrar en el debate. Finalmente, las enmiendas -74 del PP, 56 de ERC, 10 del PAR y 2 de CiU- se discutirán el viernes, aunque no hay visos de vayan a prosperar.

A referéndum

El representante de ERC en la ponencia, Joan Ridao, dejó claro de nuevo que su formación no hará «pinza» con el PP para dilatar el proceso. Su voluntad -como integrante del Gobierno tripartido de la Generalitat- es que la reforma pueda ser sometida a referéndum a mediados del próximo mes de junio. Esto significa que, en la práctica, Esquerra renuncia ya a repetir en el Senado el voto negativo que emitió en el Congreso, y a introducir cambios que obliguen a devolver el texto a la Cámara baja. Lo que no impedirá que mantenga hasta el final sus enmiendas.

El discurso del dirigente republicano pone de manifiesto la situación en la que, como partido gobernante, se encuentra ERC con su rechazo a la reforma que saldrá de las Cortes. Un difícil equilibrio que hizo también estragos en la intervención de su presidente. Josep Lluís Carod-Rovira admitió que el nuevo marco será «innegablemente mejor» que el vigente. Sin embargo, advirtió de que «si el Estatuto se aprueba como ha quedado, sí será un peligro para la integridad territorial del Estado, porque existe una fuerte insatisfacción en amplios sectores de la sociedad catalana». Un argumento que casa mal con su abdicación del 'no'.

Con ERC decidido a no hacer el juego a los populares, en cualquier caso hay pocas posibilidades de modificar el proyecto. El presidente del PP catalán, Josep Piqué, subrayó que tampoco su grupo apoyará ninguna enmienda de la formación independentista y, pese a que CiU coincide con los republicanos en su reivindicación para el traspaso de la gestión de los aeropuertos a la Generalitat, no habrá votos suficientes para hacerla prosperar ni tampoco deseo real de abrir una espita que aleje en el tiempo la ratificación definitiva del nuevo Estatuto catalán.

«No hay renuncia»

Aun así, el líder de la federación nacionalista, Artur Mas, pidió el apoyo del PSC a esta propuesta, recogida en el proyecto aprobado por el Parlamento autonómico el 30 de septiembre; sobre todo, después de que el president, Pasqual Maragall, le hiciera este fin de semana responsable de las «rebajas» a las que fue sometido el texto primigenio en el Congreso.

El dirigente de Convergencia i Unió acusó de estar «instalados en la utopía» a todos aquellos que le recriminan su disposición a negociar. Y aseguró que su «objetivo» último sigue siendo la propuesta que salió del Parlament. Una propuesta que, entre otras cosas, definía de manera explícita, en su primer artículo, a Cataluña como nación y fijaba un sistema de financiación en el que la Generalitat asumía la recaudación de todos los impuestos soportados en Cataluña. «No hay renuncia», aseveró.



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