La Virgen de Estíbaliz espera puntual en su templo la llegada del primero de mayo. Es su día. La cita en la que cientos de romeros acuden a rendir honores y cuentas a la patrona de Álava para poner el broche de oro a cuatro jornadas plagadas de aroma festivo. Cuentan los escritos que la festividad con más solera es la del 1 de mayo, celebrada desde el siglo XV. Entonces existía un gran mercado y se administraba justicia en los denominados 'desagravios de Estíbaliz'.
Hoy en día el santuario, joya del Románico vasco gracias a su fachada principal y decoración escultórica, y sus alrededores, antaño estratégico cruce de caminos de culturas, también sirven de punto de encuentro para todos aquellos que aún resisten la algarabía y tienen ganas de continuar con la fiesta para cumplir un año más con la tradición. Por unas horas el panorama de calma, relajación y reflexión al que parece trasladar el conjunto monumental de los benedictinos cambia de imagen, se transforma.
Los visitantes hacen suyas las campas, eso sí es una toma pacífica. Y el sonido alegre del txistu se adueña poco a poco del terreno. A primera hora de la mañana toca el turno de los devotos más acérrimos a la Virgen. Son los primeros en entrar al santuario y hacer visible su cariño por la patrona de la provincia. Una figura que conserva todo su encanto, a pesar de haber sufrido varios 'liftings' para hacer perdurar su esplendor. Los organizadores han aliñado la jornada con ingredientes que componen un plato para todos los gustos. Danzas, concursos de pintura y gastronómicos completan el menú.
No puede faltar la misa mayor. A ella acudirán los representantes de la Diputación y el Ayuntamiento como rige la tradición. De hecho, a principios del siglo XX la Virgen de Estíbaliz era llevada en procesión a presidir la sesión de las Juntas Generales, en las que la nobleza, el obispo y los labradores elegían a las autoridades civiles y militares. Tras la liturgia, el recinto festivo acogerá una vez más el concurso de aurreskus y baile suelto de Álava.
Con patata alavesa
Los más aventajados en la materia tienen la oportunidad de mostrar sus habilidades con dos modalidades que pretenden mantener viva la esencia de lo autóctono. Cantera hay. La música animará cada rincón de los festejos. Y el deporte rural tendrá un hueco en el programa. Los harrijasotzailes y aizkolaris volverán a dejar patente con sus exhibiciones que la maña y la fuerza viven en sintonía.
Nada mejor que los muros de un templo ancestral como testigos de excepción. Sus paredes observarán, porque comer no pueden, los platos elaborados por las sociedades gastronómicas, que tendrán como ingrediente a la patata alavesa. No podía ser de otra forma. Con tanto trajín, los estómagos de los presentes en las campas agradecen un buen trozo de tortilla de patata. El pasado año fueron 200, ¿batirán el récord?
El tramo final estará dedicado a premiar los mejores trabajos del concurso de pintura, cuyos participantes recogen la esencia centenaria del santuario románico.