Carlos Fernández (55 años, Pangua) dirige la parroquia de Armentia desde 1996. Conoce mejor que nadie el poso religioso que San Prudencio deja en el corazón de los alaveses. Habla de la devoción por el patrono de Álava en un día preparado para la fiesta y el disfrute.
-Supongo que estos días habrá aumentado su trabajo.
-La asistencia a Armentia el día de San Prudencio es masiva y esperamos que vengan cerca de 50.000 personas. Por eso hay que ultimar los preparativos. Hay infinidad de entretenimientos durante ese día.
-¿Cuántas personas se acercan hasta la basílica?
-La afluencia es constante desde las ocho de la mañana, porque, además, hay ocho misas ese día. No para de entrar gente hasta las nueve de la noche. Mucha se acerca a besar la reliquia de San Prudencio. En total, podrán entrar ese día entre siete u ocho mil personas.
-¿Suelen participar los jóvenes en los actos religiosos?
-Suelen venir a la tarde, sobre las cinco, y a última hora. Son sobre todo chicas las que se acercan a las misas y a besar la reliquia.
-¿Son los alaveses muy devotos a San Prudencio?
-San Prudencio tiene una raigambre bastante considerable entre los alaveses. Y se ve que la afluencia a la basílica es siempre constante, aunque también depende del día que haga. Hay devoción, aunque más selecta. No es lo mismo que hace veinte o treinta años. Ahora es más difícil expresar el sentimiento religioso porque el ambiente en la calle, que es laico y alejado de lo religioso, no acompaña.
-¿Cómo definiría la fiesta de San Prudencio?
-Se trata de una romería, con todo lo que ello implica. El día de San Prudencio es para pasárserlo bien. Hay curiosidad, interés y devoción, una mezcla de todo. La mañana se suele dejar para la gente de Vitoria y la tarde para la de los pueblos.