Con perdón para los cinco atabaleros y trompeteros forales, la Retreta suena mejor desde el balcón del Ayuntamiento. Tienen el refuerzo de cuatro trompeteros municipales. Sostiene además Jose Mari Ibarrondo, durante muchos años jefe de publicaciones de la Diputación, que la tradición de esta llamada a la fiesta comienza en el Consistorio «por lógica, por sentido común, porque es un toque para avisar del cierre de las puertas de la muralla, algo que gestionaba el Ayuntamiento». Pero la institución foral ha logrado convertirlo en el acto oficial con mayor solemnidad, con una plaza de la Provincia que deslumbra.
Aprendiz de tamborrero
Así que los primeros cuatro toques -más armoniosos- son una verdadera escuela para las generaciones venideras. Ane Manzanedo, con apenas dos años y medio, ya sabía lo que tenía en sus manos mientras movía sus brazos al ritmo de la música. «Lleva toda la semana practicando, con sus mandiles y sus tambores, así que ha sido ella la que nos ha traído de la mano», explica un feliz padre llamado Pa-txo.
No eran los únicos. Por algo que tiene que ver con que los niños deben irse pronto a la cama y que aún hay luz, la plaza de España se convierte en un verdadero patio de guardería, algo que ya suele ser habitual cada tarde. Pero ayer todos eran aprendices de tamborreros.