Los cambios de costumbres acarrean problemas, pero resolverlos es parte de la solución provisional. Y escribo lo de provisional porque los problemas siguen ahí aunque los cambios sociales no van a detenerse por ello. 5.000 familias alavesas han de recurrir a empleadas de hogar porque sus contratantes no dan abasto. Ahora de lo que se trata es de que las condiciones laborales se ajusten a la legalidad y de que no se cuele ningún indicio de picaresca, visto lo visto y anotado lo anotado.
Los trabajadores que cumplen este tipo de sevicios han de contar con todas las garantías referidas al derecho al paro, a la Seguridad Social y a todo lo inherente a un trabajo convencional. La mayor parte de los operarios de este ramo necesitan su dinero con urgencia, no pueden esperar ni permitirse lujos ni demoras a la hora de cobrar lo que se les debe. Esto, que es obvio y evidente, parecen olvidarlo algunas veces las partes contratantes de la primera parte.
Hay que anotar que muchas empleadas del hogar han anotado en sus memorias vitales casos de rechazo, de inconvenientes a la hora de recibir información y de desdén reiterado. Habría que corregir esos desmanes mínimos que son máximos para quien los recibe. Nos están resolviendo problemas cotidianos y parece que no lo agradecemos lo suficiente. A veces da que pensar lo que pasaría si no contásemos con ayudas foráneas. Si no supiéramos qué hacer con los niños, con la casa y con todo lo demás porque papá y mamá han tenido que salir a ganarse el pan fuera de casa.
Vivir se ha vuelto muy complicado y si no nos echan una mano las cosas van a ir mal. Antes las mujeres se encargaban de todo, pero ahora, y con razón, bastante tienen con encargarse de lo que pueden. O aceptamos que la sociedad ha cambiado o todo el tinglado se vendrá abajo. c.p.uralde@diario-elcorreo.com