Los vecinos de Zabalgana son expertos en esquivar la suciedad. Ya no aparcan en la calle, meten el coche en el garaje. Y si tienen dos vehículos, el que se queda a la intemperie acaba con toda seguridad lleno de polvo. «Lo dejo blanco y lo cojo marrón», bromea Eusebio Márquez, mientras abre su Renault. Es uno de los inconvenientes que padecen los mil vitorianos que viven ya en el nuevo barrio, donde algunos llevan casi un año. De momento, no tienen bar donde tomarse un café ni tienda en la que comprar el pan, según ha comprobado EL CORREO en un recorrido por la zona.