Los vecinos de Zabalgana son expertos en esquivar la suciedad. Ya no aparcan en la calle, meten el coche en el garaje. Y si tienen dos vehículos, el que se queda a la intemperie acaba con toda seguridad lleno de polvo. «Lo dejo blanco y lo cojo marrón», bromea Eusebio Márquez, mientras abre su Renault. Es uno de los inconvenientes que padecen los mil vitorianos que viven ya en el nuevo barrio, donde algunos llevan casi un año. De momento, no tienen bar donde tomarse un café ni tienda en la que comprar el pan, según ha comprobado EL CORREO en un recorrido por la zona.
Los primeros moradores de Zabalgana viven en precario, rodeados de obras. Por un lado, los operarios aún levantan aceras y asfaltan carreteras y, por otro, las constructoras realizan decenas de edificios. Los residentes ya han remitido un amplio listado de quejas al Ayuntamiento. Sobre todo, reclaman más limpieza, que los autobuses urbanos entren en el distrito, que se coloquen placas con el nombre de las calles y avenidas y que se instalen contenedores de reciclaje. «Esto es un barrio sin ley», sentencian.
Algunos testimonios son contundentes. Así, Aitor Fernández de Retana reconoce que «si lo llego a saber, no me vengo a vivir aquí tan pronto». Una vez acudió para quejarse al despacho del Síndico, Javier Otaola, quien identificó su procedencia de inmediato. «Por los pantalones llenos de barro, sólo podía llegar de Zabalgana», relata.
Agujeros y pinchazos
Este joven cree «vergonzoso» que el barrio «esté tan sucio y tenga tantos peligros. Cualquier día nos atropella una excavadora. Ni siquiera funcionan los semáforos», enumera. «Y luego, ¿dónde vamos con los niños? Puede haber un accidente en cualquier momento, hasta hay aceras con alcantarillas sin tapar».
Alberto Sánchez añade que el material de construcción que se encuentra en la carretera ha provocado que las ruedas de su furgoneta se hayan pinchado dos veces. «¿Quién me lo paga?, dice.
Como las zonas de esparcimiento público brillan por su ausencia, los padres se refugian con sus hijos en el parque de una urbanización privada de la Avenida de la Ilustración, donde hay columpios y bancos. Allí acude Pilar Ciriano, vecina del Paseo de Eskibel, que exige a Tuvisa que ponga «ya» una línea de urbanos para Zabalgana. «Aquí hay problemas hasta para contratar a chicas del servicio doméstico. Se niegan a venir, porque ni siquiera hay autobús», lamenta.
El listado de reclamaciones vecinales incluye también la instalación de carteles que indiquen el nombre de las calles. «Nadie las conoce y pedir una simple pizza es una odisea. Una vez llamé a tres sitios distintos y no llegó ni una», señala otra mujer, que teme «que pase lo mismo si algún día tengo que llamar a una ambulancia». En este sentido, Miren Gutiérrez apunta que el simple hecho de que unos operarios fueran a su casa a dejar un mueble se convirtió en una situación de chiste. «Se perdieron y les tuve que guiar a través del móvil», afirma.
Sin correo postal
Los problemas de transporte, asegura Manolo Díez, también afectan al sector del taxi, porque una vez uno de sus chóferes «me dijo que no iba a volver más, porque el coche se le llenaba de barro».
El servicio de Correos no se escapa al tirón de orejas vecinal. «Nos han cambiado otra vez el código postal. Ahora dicen que es el 01015. ¿Te has enterado?», pregunta un residente a otro que acaba de ver el aviso en un portal.
Juan Luis Lucas vive en la Avenida del Mediterráneo y ha tardado 23 días en recibir la correspondencia. «Fui a preguntar a las oficinas de la calle Cuba, pero allí no tenían nada. Justo hoy ha llegado todo. No lo entiendo», señala contrariado.