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Domingo, 30 de abril de 2006
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MIGUEL GUTIÉRREZ, PSIQUIATRA
«La falsa modestia de Vitoria esconde los intereses privilegiados de unos pocos»
«Los políticos marean mucho la perdiz y al final no se hace nada; veo mucha frivolidad»
«La falsa modestia de Vitoria esconde los intereses privilegiados de unos pocos»
El prestigioso psiquiatra, con atuendo informal, riega el jardín de su segunda residencia, en una provincia vecina. / FOTOS: NURIA GONZÁLEZ
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LAS FRASES

EL PERSONAJE
Edad: 57 años.

Lugar de nacimiento: Vitoria.

Estudios: Doctor en Medicina y catedrático de Psiquiatría de la UPV.

Trayectoria: Médico adjunto de Psiquiatría en Basurto entre 1977 y 1979; jefe de sección en las Nieves de 1979 y 1983; responsable del servicio de Psiquiatría de Santiago desde ese año hasta 1998. A partir de ese año, desempeña ese mismo cargo en Cruces.

Aficiones: Viajar, la música folklórica y las relaciones sociales.

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Reputado profesional y hombre cordial y accesible, el jefe del servicio de Psiquiatría del coloso de Osakidetza, el hospital vizcaíno de Cruces, hace una pausa en sus vacaciones para poner opinión a una miscelánea de asuntos. El vitoriano Miguel Gutiérrez habla con claridad meridiana de la salud mental de sus paisanos, del Alavés, del alto el fuego permanente de ETA y de una ciudad, la suya, que ve «desmotivada, desorientada y expectante».

-Los vascos consumen cerca de medio millón de antidepresivos al año. ¿Sabe qué proporción corresponde a los alaveses?

-No, pero supongo que el 10%. Como lo del Cupo, lo que nos corresponda, ja, ja. No hay ningún rasgo diferencial en el consumo de fármacos entre Álava y las provincias limítrofes.

-Según usted, los vizcaínos van mucho al psiquiatra, más que los alaveses. ¿Tienen menos prejuicios o más motivos?

-Tienen menos prejuicios y, a veces, más motivos. Dése cuenta de que allí hay zonas de marginalidad mucho mayores y los problemas psicosociales son más frecuentes.

-¿Cuáles son las razones más habituales por las que unos y otros les visitan?

-Trastornos de ansiedad, trastornos depresivos y, a partir de ahí, problemas relacionados con la psicosis.

-Cerca del 7% de los vecinos de Vitoria procede de otros países. ¿Cómo cree que está asumiendo la ciudad el fenómeno de la inmigración?

-Esta ciudad todavía no se ha enterado de lo que va a venir. Está expectante y aún no ha generado un juicio plano del fenómeno. Ni positivo, esto es, de aceptación, ni negativo. O sea, de rechazo. Y va a ser una cuestión social de primer orden.

-¿Es estrecho el vínculo entre la igualdad social y la salud mental?

-Se dice que el que trabaja se angustia y el parado se deprime. Significa que factores sociales pueden generar desequilibrios. La mayoría de la población nos movemos a menudo entre los polos de la ansiedad y la depresión. Vivimos deprisa, con un gran nivel de exigencia y una cota de estrés que a veces supera lo que podemos tolerar.

-¿Aprecia un buen nivel de igualdad social en esta ciudad?

-Sí, y eso es lo más admirable de Vitoria, la cercanía entre los extremos sociales y económicos. Ser pobre en Vitoria es mejor que serlo en otras ciudades. Y aquí tampoco hay ricos de tal envergadura que desequilibren la sociedad.

Alcalde y «contralcalde»

-Lleva ya nueve años trabajando en Bilbao, aunque reside en la capital alavesa. ¿Su visión de Vitoria ha cambiado en este tiempo?

-Me ha llamado la atención el impulso que ha tomado Bilbao en estos años y que no se ha producido en Vitoria. Muchos ciudadanos tienen la impresión de que aquí se marea la perdiz demasiado en esos juegos de posición y contraposición política y, al final, no se hace nada. Y eso es cierto. Bilbao es un ejemplo de desarrollo ciudadano y eso que su campo de juego era más complejo y difícil. Sin embargo, aquí, discutiendo si se pone el Auditorio en un sitio u otro... Me parece una frivolidad.

-¿Ambas ciudades son el reflejo de la personalidad de sus habitantes?

-Vitoria tiene un problema cultural. Parecía que se iba a superar, pero sigue en esa siesta burguesa, cómoda, en la que el valor más primado es no sobresalir, la prudencia, la humildad y no sé qué más. Y eso es un error gravísimo. Tras la falsa modestia provinciana de esta ciudad no han hecho más que esconderse intereses privilegiados de unos pocos.

-¿En algún momento confió en que el alcalde Alonso orquestaría el despertar de esa siesta?

-Sí, me parecía razonable que lo pudiera hacer.

-¿Y le ha defraudado?

-No, no, a mí no me ha defraudado el alcalde. Ni el 'contralcalde', ja, ja. Hemos llegado a un circuito de retroalimentación estéril, en el que preocupa más el año que viene (las elecciones) que la ciudad. Estamos en un desgaste de unos a otros. Eso lo percibe el ciudadano y le frustra.

-Pero no le moviliza.

-No. El ciudadano se siente muy impotente y tiene miedo a todo. También a caer gordo en un entorno o en otro, en una ciudad tan pequeña como ésta. Yo creo que hay que ser un poco más imprudente.

-¿La última esperanza es un gobierno en mayoría?

-Eso, sin duda, facilitaría las cosas y rearmaría la moral del ciudadano. Me refiero a que alguien gane. Y si no gana nadie, eso también da qué pensar. Indicaría la fracturación política que hay en la sociedad.

-¿Una fracturación motivada por el despiste generalizado?

-Y por el desinterés. Se vota mucho por inercia.

La «monda» del gaztetxe

-Tras años de cantinela, el proyecto del Palacio de la Música ha quedado definitivamente enterrado. ¿Qué cuerpo se le ha quedado?

-En el fondo de mi alma, si hay, bien; y si no, pues también. Aunque me parece que hace falta uno. Como organizador de congresos me consta que estamos por detrás no sólo de Bilbao, sino también de Burgos, Logroño, Pamplona, San Sebastián, Oviedo y de todos los sitios.

-Pese a que todos los partidos dicen estar de acuerdo en que el casco medieval agoniza, las desavenencias políticas amenazan ahora con dejar en vía muerta el plan para modernizarlo. ¿Teme un nuevo funeral?

-El Casco Viejo agoniza desde hace mucho. Su desestructuración social es de tal calibre que muchos ciudadanos no lo perciben como un barrio deseable. Yo tengo dos hijos que viven allí y no voy a decir que están cómodos, ni que nos encanta ir por ahí. Pues no. Ha habido mucha demagogia sociopolítica en torno a este asunto. Al final, para evitar que no sea un gueto se está convirtiendo en eso. Y a ver qué hacemos ahora.

-El elemento de la discordia parece estar en el gaztetxe...

-Me parece la monda. No es serio que los planes para actuar en el Casco Viejo se paren por semejante circunstancia. O hay una gran perversión política o una gran frivolidad.

-Usted es miembro de la comisión de control de la Caja Vital por el PSE. ¿Lam..?

-Por los impositores.

-¿Lamentó que resultara fallido el intento de los socialistas para fusionar las tres entidades vascas?

-Sí. En Andalucía la caja más potente es La Caixa. Aquí ese proceso se malinterpretó y distorsionó, hasta el punto de que se creó una plataforma en contra que me veo totalmente inadecuada.

Médicos «desmotivados»

-Trabaja en Cruces, el hospital más potente de la red pública vasca. ¿El sistema se agrieta como sugieren los últimos datos de las listas de espera?

-Cruces es un hospital muy especializado. No es representativo. Yo creo que un problema importante de la sanidad vasca es la desmotivación de los médicos. No tienen ningún reconocimiento social y tampoco una carrera profesional bien estructurada. Parece que en el sistema sanitario los médicos no pintamos nada, y no hay Medicina sin médicos.

-¿Vitoria está bien dotada desde el punto de vista sanitario?

-Sí, aunque yo sugeriría modificaciones importantes. Para mu-chos es una barbaridad, pero yo cambiaría de sitio el hospital Santiago. No reúne las condiciones para los enfermos. Está rodeado de tráfico, de fiesta, y carece de párking. Habría que llevarlo a la periferia. Y mira, ahí tendría un buen sitio el alcalde para hacer el nuevo ayuntamiento.

-¿Se precisa de un tercer hospital?

-Probablemente. Ya no se hacen hospitales de 1.000 camas, sino más operativos. Vitoria necesitaría tres hospitales como Santiago, o uno un poco mayor y dos como Santiago. Hay mucho trabajo.



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