Con relación al monumento a la batalla de Vitoria, propongo la única alternativa posible: colocarlo en la punta de Júndiz, lugar ideal para ver y comprender el transcurso de la batalla. El atractivo turístico estaría asegurado si se diera acceso desde la N-I y se hiciera un curioso museo panorámico e interactivo. Si lo desmontamos, quizás algunos de sus elementos se podrían poner en algún lugar del camino viejo a Salvatierra. Allí se produjo la alevosa matanza de franceses que huían a la desbandada y el saqueo del tren con obras de arte, joyas, libros y colecciones científicas que el francés había saqueado a su vez. Alguien sensible podría diseñar un lugar íntimo, para la reflexión y la memoria de los miles de franceses, españoles, ingleses, portugueses y de otras naciones, amén de los alaveses que murieron en esta napoleónica batalla y guerra, preludio de las mundiales que llenarían de oprobio la Europa del siglo XX. No me resisto a que se conmemore una matanza o batalla, siempre que sea para recordarnos que hay errores en los que no podemos incurrir jamás, pero no me gusta nada si es por mantener una costumbre, con el peregrino argumento de que «siempre ha estado ahí». Pues no, el monumento tuvo su tiempo y ahora es molesto, feo e impertinente. Que se lo lleven y si quieren monumento que hagan un concurso para levantar uno a la concordia, que buena falta nos hace.