«Es un intento -no sé si lo habré logrado- de recoger el corazón de Álava en una colección muy plástica de paisajes que, en su mayoría, resultan bellos». Con esta descripción, Santiago Yaniz retrata su libro de fotografías 'Araba', en el que su objetivo recorre la geografía del territorio a través de un centenar de instantáneas.
Pero el autor precisa que su labor no se limita a colocar la cámara y aprovechar sus conocimientos técnicos, sino que busca «imágenes con alma». Por eso, «la capacidad del fotógrafo de interpretar el paisaje le da un sello al trabajo final», ya que «cada uno aporta la manera de leer el espacio que tenemos», indica el vecino de Llodio, también responsable de sendos libros sobre Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra y el País Vasco francés.
En total, Yaniz ha trabajado so-bre unos fondos de medio millón de fotografías. A la hora de elegir, «cada una tenía que tener fuerza por sí misma. Pero he preferido potenciar el valor de la imagen sobre el lugar, aunque el editor me ha obligado un poco a incorporar algunos espacios especialmente simbólicos», reconoce.
La selección le ha supuesto meses sobre la mesa de luz, ya que se trata de diapositivas con formatos de película que van del estándar de 35 milímetros al 4,5 por 6 o a soportes panorámicos. «Para el tema del paisaje, el material analógico te permite captar ciertas tonalidades de la naturaleza con un resultado superior al digital», razona el autor.
Luminosidad
La colección de imágenes, «las más hermosas, atractivas o interesantes», están siempre tamizadas por la mirada del artista. En su caso, hay un «'pecado' del que estoy muy orgulloso: he sido montañero antes que fotógrafo», dice.
Y, además, en su manera de apreciar las singularidades alavesas, el paisajista subraya la luminosidad característica de las lagunas y espacios acuáticos. «El río Ebro es significativo, tanto por el clima como por el entorno singular. Desde él a la sierra de Cantabria-Toloño, tienes viñedos, fríos, niebla, luces y contrastes muy especiales».
Después de la elección de las fotografías, dos diseñadoras -Saioa Belar y Aurkene Etxebarria- han puesto su sello personal en la manera de presentarlas a lo largo de 128 páginas, con textos en castellano, euskera, francés e inglés. Las instantáneas se relacionan con las previas o posteriores según criterios de «contrastes o armonías» y, aparte de los ritmos de encuadres horizontales o verticales, «el fondo negro o blanco de las páginas les da un toque singular», precisa Santiago Yaniz.