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Martes, 2 de mayo de 2006
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ANÁLISIS
La cara y Lacruz
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La moneda cayó. Pero ésta vez no lo hizo por el lado de la soledad y el dolor, como canta un apesadumbrado Calamaro en sus 'Crímenes perfectos'. La bala pasó rozando. Pero estamos vivos. Lacruz fue la cara. Su gol sacó al Athletic del negro túnel por el que se estaba precipitando después de dos derrotas tan injustas como dolorosas. El punto no decide ni resuelve todos los males. Alivia y reconforta, pero solo cabe darlo por bueno ganando mañana. El empate de Sevilla genera además otro valor añadido, una especie de plusvalía liguera: obliga al Betis a echar el resto en Vitoria en un partido vital para nuestros intereses. Y es que el Alavés se ha convertido en el 'enemigo público número uno' en la descarnada lucha por la supervivencia. Duelo fratricida habemus. Es la ley de la jungla.

En el mercado de valores de la Liga, las acciones de nuestros mejores jugadores han comenzado a cotizar al alza cuando empezaban a caer en bancarrota. Durante meses de blackout ellos eran, como afirmaba Henrik Ibsen, sus propias sombras. Pero Fran Yeste, Andoni Iraola y un Urzaiz que parece lejos de necesitar la jubilación anticipada, han regresado a tiempo. Como John Wayne en uno de sus legendarios westerns crepusculares. Los tres lideraron a un equipo que quiso siempre pero que solo con el marcador en contra se decidió a poner las cosas en su sitio. La planificación previa, preparada para taponar las vías de penetración del Betis, saltó por los aires tras las primeras galopadas del correcaminos del Puerto de Santa María. Como la jaca de la copla, Joaquín galopaba y cortaba el viento caminito del gol. Rompió las cadenas rojiblancas como y cuando quiso. Y nos heló la sangre cuando cayó ante Prieto al borde del descanso. Evaristo se pasó de listo y respiramos aliviados. Edu, el otro puñal verdiblanco, ya había fabricado para entonces un gol fantasma, el del carioca Robert. Nos quedamos como los alemanes en Wembley tras el mítico tanto de Hurst en el 66. Dicen que la pelota entró por completo. La verdad es que se habían pasado de la raya. Era demasiado castigo para un Athletic que ha hecho coincidir su mejor fútbol con sus peores resultados en un abril taquicárdico.

En mayo necesitamos una flor. Atrás quedan tres míseros puntos sumados de los últimos quince en juego. Parece increíble viendo las prestaciones del equipo. Cinco partidos sin ganar han impedido que la fuga se consumase con éxito para tranquilidad de una masa social que ha aguantado estoicamente en un ejercicio de lealtad que pasará a la historia. Longfellow decía que todo le llega al que sabe esperar. Aunque en este caso la ansiada recompensa sea mezquina en comparación con logros mucho mayores, injustamente sepultados. La sensación general es que ha llegado la hora de la estocada definitiva. Nunca debimos llegar a esto, pero más vale tarde que nunca. Más allá de cálculos aritméticos, el triunfo ante un Zaragoza desnortado está en boca de todos. Es hora de que el potro se lance al galope y olvide sus miedos, sus dudas, sus recelos. Cuando tienes cartas (Iraola, Yeste, Urzaiz, Aduriz), hay que jugar a mayor. Y esta vez necesitamos un órdago a la grande. No va más, señores. Es el momento de apostar todo al rojo. Y blanco. Leones, San Mamés os espera. Recordad quienes sois y rematad la faena. ¿A por ellos!



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