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Sábado, 6 de mayo de 2006
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Funcionarios para siempre
El Ayuntamiento homenajeó ayer a 41 trabajadores de la plantilla municipal jubilados en los últimos años
Funcionarios para siempre
HOMENAJE. El Ayuntamiento obsequió a los jubilados con un reloj de pulsera. / JON RODRÍGUEZ
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Javier Balza, Felisa Ortega, José Tejera, Arantxa Ortiz Urkia y Petra Gilete vivieron ayer un día «emotivo y para el recuerdo». Los cinco fueron durante años funcionarios del Ayuntamiento de Vitoria y, ahora, ya jubilados, la 'casa' para la que trabajaron durante tanto tiempo y dedicación ha querido darles las gracias. El homenaje tuvo lugar ayer y se desarrolló como en las grandes ocasiones: recibimiento oficial en el salón de recepciones de la Casa Consistorial, bienvenida y agradecimientos del alcalde, nutrida representación de la Corporación -no estuvo presente el PNV por las «palabras ofensivas del alcalde poniendo en duda el acceso al funcionariado en la época de Cuerda»-, y un «precioso» reloj como recompensa a su trabajo.

Los 41 funcionarios agasajados llegaron puntuales al salón de recepciones para asistir a un acto «formal, oficial y solemne», en palabras del alcalde, Alfonso Alonso. El regidor les dio «las gracias por esa vocación de servicio a la ciudad de la que nos sentimos orgullosos» y les recordó que «para nosotros seguiréis siendo siempre trabajadores de esta casa, de este Ayuntamiento».

La respuesta de los grandes protagonistas del día no se hizo esperar. Fueron muchos los que derramaron alguna lágrima y todos los que reconocieron «echar de menos» su vida laboral. «Guardo muy buenos recuerdos y echo mucho de menos a los abuelitos del geriátrico», confesaba Arantxa Ortiz de Urkia, funcionaria municipal entre 1990 y 2002.

En activo

A Petra Gilete le sucede algo parecido. Después de 21 años dedicada en cuerpo y alma a dejar como una patena los colegios de la ciudad y las oficinas de la Policía Municipal, la ahora jubilada siente que algo falta en su vida. «Por motivos de salud tuve que pedir la invalidez y ahora siento que he perdido un cachito de mi casa. Vivo más tranquila pero lo echo mucho de menos porque yo he estado siempre acostumbrada a trabajar», reconocía «agradecida por este día tan bonito».

A Javier Balza, en cambio, su nueva vida le ha sentado «muy bien». Trabajó como técnico de grado medio en el departamento de Presidencia, pero en 2001 se vio obligado a pedir la invalidez por problemas de salud. Asegura que más que un jubilado se siente un «pensionista» y que, por este motivo, procura mantenerse activo.

La vida, no cabe duda, les ha cambiado a todos pero, como dijo el alcalde, «si habéis sido funcionarios, seguiréis siéndolo siempre».



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