El Correo Digital
Lunes, 15 de mayo de 2006
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CON REMITE
Diez-milésimas
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No soy usuario habitual de los aparcamientos porque casi siempre, aquí, soy peatón. Sí pago en otros lugares, por la sencilla razón de que no suelo saber qué demonios hacer con el coche y lo que quiero es desprenderme de él cuanto antes, que me pongo muy nervioso conduciendo en ciudades que no conozco bien. Así que, en realidad, no sé si las tarifas por aparcar bajo techo se pueden considerar caras o baratas; si lo cobrado en Vitoria soporta la comparación con lo que se abona en otros sitios o si, por el contrario, es una desmesura; y ni siquiera sería capaz de jurar sobre la posibilidad de que alguien encuentre un precio justo y razonable por este servicio público. Ahora bien, no puedo negar mi satisfacción porque se convierta en obligatorio el cobro por servicio prestado, esto es, por uso real del hueco de aparcamiento. Creo que eliminar el redondeo redunda a favor del usuario. ¿O soy un ingenuo?

Porque resulta que, ahora y para que el concesionario no pierda dinero, aparecen nuevas figuras de cobro, como la 'tarifa de acceso'; se complica lo indecible el cálculo; y se valora hasta la diezmilésima de euro el precio del minuto, que manda detalle y precisión de cálculo. A lo mejor resulta que el nuevo sistema tarifario es más justo pero al final el ahorro es nulo, por lo que no eran necesarias tantas alforjas para tan corto viaje. Es decir, cambiarlo todo para que siga igual.



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