El perfil del Giro es engañoso. Ya se quejó Petacchi cuando presentaron la carrera. Ayer era un día para el sprint. Y lo hubo. Aunque no como se esperaba. La novena etapa, corta y con sólo un puerto de tercera, era en realidad una trampa llena de repechos. Por eso McEwen, el gran favorito, llegó fundido a la recta final de la meta, en Termoli. Le había timado el perfil. Fue un día para el engaño. De hecho, en el que levantó los brazos bajo la pancarta, Bettini, no ganó la etapa. Se precipitó. Le engañó la vista y la ambición. Por media rueda se le había adelantado un lituano de 186 centímetros de altura, Tomas Vaitkus, el vencedor de otra etapa que nunca fue lo que parecía.