Todo sucedió tan rápido como se lo cuento. Justo alcancé a escuchar, con claridad eso sí, en alto y desesperado: ¿Maldición, las cuatro! Y la película de los acontecimientos hizo el resto. El ulular de la sirena se sumó al chirrido frenante de los neumáticos del coche de la Policía. No puedo decir si los agentes se bajaron antes o después de que el vehículo trompara cortandole toda posibilidad de huída. En un sies-noes el hombre yacía abatido, esposado y preso. Tornó a sonar la sirena, tornose el coche a toda velocidad y, ya, 'se finí'.
Un hombre, otro, a mi lado, suspiró: '¿Qué pena!'. Y un compungido: '¿Pues no parecía mala persona!'. Después, me explicó: 'Me da que no está usted enterado. Por la cara, me da que no sabe lo de las cuatro'. 'Pues no. Es verdad que le he oído gritar algo de las cuatro, justo cuando ha aparecido la Policía, pero no tengo ni idea de qué va la cosa'. '¿Pero no se ha fijado que el hombre llevaba una bicicleta?'. 'Sí'. '¿Y que se la ha llevado la grúa que ha venido con los guardias?'. 'Sí'. '¿Y no se ha fijado que la bicicleta era de esas naranjillas, de las que deja el Ayuntamiento?'. 'Si, también, pero...'. 'Pero hombre, el señor se ha descuidado y se le han pasado las cuatro horas del préstamo sin devolverla. Ya se ha dado cuenta de que él se ha dado cuenta, por eso la maldición, pero ya era tarde. Él sabía perfectamente lo que le iba a pasar y le ha pasado. ¿Y qué le va a pasar? Bueno, pues no mucho en realidad. Ahora le llevan al parque donde se alquilan las bicicletas y allí le van a retener hasta que venga alguien a pagar la grúa, y la multa, claro'.
Hace unos días se quejaban unos 'guiris' a mi lado de la barra: 'Hemos estado en la Oficina de Turismo del Ayuntamiento y, muy bien. Nos han atendido muy bien. Bueno, un poco pelmas con que viéramos las obras de la catedral. Aunque nosotros ya les hemos explicado que aún no somos jubiletas para ver obras, ellos insistían. Pero, bien, al final ya se han dado cuenta de que nosotros íbamos por lo de las bicicletas, por lo de que prestan bicicletas gratis. Y era verdad, porque ayer habíamos cogido unos folletos de los bidegorris que hay, y nos habían gustado mucho, y estábamos empeñados en hacer uno, el de la vuelta al pantano, y queríamos pillar un par de bicicletas. Y entonces fue que nos explicaron que, bien, pero que las bicicletas sólo se dejaban para cuatro horas. Y entonces fue que nosotros hicimos cálculos y nos dijimos que ni Indurain. En cuatro horas, si vamos, miramos, vemos, gustamos, disfrutamos, giramos y volvemos, no nos da tiempo. Oséase que nada. Nos hemos quedado sin poder hacerlo. Y, eso. La ciudad está bien, las obras de la catedral pa'tiempo pero bien, ahora lo de las cuatro horas...'.
Y yo que pensé, y de la que os habéis librado, majos, porque si vais, las cogéis y se os pasan la cuatro horas... Menos mal, menos mal.
Hace otros días por poco si mato a un tipo que venía a toda pastilla, pero a toda, a más que una moto, por la Herrería, en dirección prohibida y con una bici del Ayuntamiento. Digo que casi le mato porque, a semejante velocidad, si le toco, como estuvo a punto de ocurrir si no me agarran cuando yo iba a dar un paso sin haber advertido lo que venía, yo me hubiera llevado un buen golpe pero él se mata, o casi. No llevaba casco, se hubiera dado con cualquier esquina... Vale, no pasó nada. Y luego comentamos que con eso de las cuatro horas cualquier día va a pasar algo gordo. ¿Fíjate cómo iba ese para devolverla antes de las cuatro horas.
Sin embargo, unos pasos más adelante reflexionamos. ¿No sería el ladrón ese que dicen que roba y luego huye en bicicleta... Pues, lo mismo, oye.
Y algo más adelante, ya casi en la Virgen Blanca. ¿Claro!, el problema es que había gente que estaba utilizando el préstamo de las bicicletas mal, que las tenían como si fueran propias y no para dar paseos por bidegorris o sustituir al automóvil en la ciudad, sino para nada, para tenerlas como si fueran suyas. Al final, que ya había casi más en estas manos semiprivadas, todos los días las mismas, que para alquilar, y que por eso habrán tenido que tomar esa medida. Sí, eso habrá sido.
No tenemos ni idea de cuál ha sido la razón por la que se ha tomado la medida de las cuatro horas. Lo que sí se me alcanza es que la medida, seguro, se ha tomado para evitar que alguien, o alguienes, hiciera un mal uso del servicio. Y yo lo que digo es que no me gustan ese tipo de soluciones. Una persona que viene, llega, se interesa, y va a hacer un buen uso de ella, debe poder emplear la bicicleta las horas que le haga falta, sin miedo a que lleguen las cuatro. ¿Se imaginan que hubiera sido verdad la anécdota del principio?