El Correo Digital
Martes, 16 de mayo de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Gracias a ellos
Los españoles más veloces no son, en contra de lo que pudiera pensarse, los que cogen el dinero que no es suyo y corren, poniéndose a sí mismos un sello de urgencia. Nuestros compatriotas más rápidos han alcanzado ese título con absoluta legitimidad. Fernando Alonso ha ganado el Gran Premio de Fórmula 1 en Montmeló y Dani Pedrosa se ha impuesto en la carrera de Moto GP, que los que saben de eso consideran la categoría reina del motociclismo, en Shanghai. ¿De qué nos resarcen esos triunfos?

El momento español no es demasiado bueno, aunque podría ser peor. ETA ha recordado al Gobierno que la tregua no es irreversible y que en algunas de sus oficinas sucursales se sigue extorsionando. A las llamadas Islas Afortunadas llegan 'sin papeles', o sea, gentes infortunadas. No cabe ni uno más, pero tendrán que seguir hospedando a muchos. Por otra parte, que viene a desembocar en la misma, el Instituto de Política Familiar denuncia que el Gobierno ha incumplido nada menos que el 80% de las promesas, los jóvenes se manifiestan quejándose de que se les vendan «cajas de cerillas a precios de palacios» y el Ministerio de Salud asegura que once millones de españoles sufren trastornos mentales que van desde la esquizofrenia a la manía obsesiva, pasando por la depresión. O sea, lo que las personas que no profundizan en estas dolencias suelen simplificar y resumen en la palabra majara.

¿Qué sería de tal cúmulo de desdichas si no las compensáramos con victorias deportivas? Ellos nos salvan. Habríamos caído en una desmoralización absoluta de no ser por los éxitos de Alonso, Pedrosa y Nadal. Aunque estemos en el sótano, nos permiten subirnos al podio. La misión más importante del deporte no es ser un esperanto donde podamos entendernos todas las razas, sino la de enorgullecernos por algo que han hecho algunos compatriotas.



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