Charo López, que es una artista de pro, sale en defensa de Isabel Pantoja, que es también artista pero tachada de 'pre', es decir, premoderna y pretérita y destacada en diferente faceta del arte que su defensora. A Isabel le están clavando en sus carnes generosas las tres cruces del monte del olvido. Primero la cruz del pasado: se olvida que fue la viuda de España tras un sonado casorio con un matador de tronío; tonadillera y torero juntos en el más atrayente cartel que se haya concebido para imantar al público. Ahora, el martillo de la crónica rosa la atormenta con borrascosos pasajes íntimos de su pasado. La cruz del presente lacera directamente el corazón de la Pantoja, envuelta en un cancionero de penal por esos amores que la encadenan a un ex alcalde de Marbella bajo sospecha de turbios asuntos. Todo augura otra cruz de futuro para esta reina de la canción a quien llegó la hora del 'pim pam pum: tiremos contra un icono popular'. Amores y desamores de la caprichosa diosa fama son un eterno estribillo coplero. La corona de flores del éxito pasa a ser diadema de espinas.
Van contra la Pantoja, una de las últimas artistas con madre adosada que ha dado el cante, pero el encono que se vuelve contra símbolos vivientes y sonantes no se detiene en lo folklórico sino que alcanza furores globales. La famosa y universal Barbie sufre igualmente las iras de los ayer incondicionales y aun siendo como es una chica moderna. Científicos han anotado las torturas, los terribles tormentos a que la someten los niños. La infancia juega a descuartizar un símbolo como la Barbie que un día, cansada ya de aguantar a mamá, decidió emanciparse. Una tía buena, independiente, a cuyos padres no conocemos, que yo sepa. Sólo se le conoce el hombre de toda la vida, el apolíneo Ken. Los dos son felices, pues la virtud de esta pareja es el afán de renovarse. Si Ken se va de caza con sahariana y salakof, Barbie se viste de coronel Tapioca. No tienen hijos. Tal vez Barbie y Ken adopten un peque en Indonesia y las firmas de moda infantil diseñarán su ropita. ¿A qué vendrá tanta insidia con una maciza que simboliza los sueños de generaciones que duermen en habitaciones de casa de muñecas?