El tribunal especial que juzga a Sadam Hussein acusó ayer formalmente al ex dictador iraquí de crímenes contra la humanidad. Los cargos contra él y siete de sus antiguos colaboradores fueron leídos en la sesión número 24 del proceso, en la que el fiscal consideró probado que el ex presidente ordenó la ejecución de 148 chiíes, torturar a mujeres y a niños, y detener a 399 personas supuestamente relacionadas con un intento de magnicidio de 1982 en la localidad de Duyail, a sesenta kilómetros al norte de Bagdad.
Sadam se negó a contestar si se declaraba inocente o culpable, tal y como estipula el procedimiento judicial. «No puedo decir simplemente sí o no a esto. Usted ha leído todo esto con el propósito del consumo general, y yo no puedo contestar con brevedad», aseguró al presidente del tribunal, el kurdo Rauf Abdelrahman. El ex dictador agregó que «todo esto nunca moverá un sólo pelo de mi cabeza», y subrayó que «usted está ante Sadam Hussein, el presidente de Irak». «Considero entonces que usted alega no culpable», respondió el juez. «No es una manera de tratar al presidente de Irak. Yo no reconozco la autoridad de este tribunal, que no puede juzgar a un jefe de Estado según la Constitución iraquí», agregó el sátrapa, siempre impecable con su barba entrecana y su traje negro.
Si los ocho acusados, entre los que figuran el hermanastro de Sadam, Barzan Ibrahim al-Hasan, que calificó de «sarta de mentiras» el acta de acusación en su contra, y ex vicepresidente, Taha Yasin Ramadán, son encontrados culpables, se podrían enfrentar a la pena capital. Todos han negado durante el proceso los cargos y sostienen que los chiíes ejecutados fueron juzgados en un proceso justo en el que admitieron su participación en el intento de asesinato del entonces presidente.
En la sesión también se produjo la presentación de los testigos de la defensa por parte de los abogados de los ocho inculpados. Por primera vez, la audiencia no fue transmitida por la televisión iraquí, debido a un problema técnico.
Operación antiterrorista
El Ejército estadounidense anunció ayer la muerte de cuatro soldados estadounidenses en operaciones de combate, dos de ellos son militares destinados en la provincia de Al-Anbar. Los otros dos perecieron cuando el helicóptero que pilotaban fue derribado por la insurgencia durante un enfrentamiento en Yusufia, a treinta kilómetros al suroeste de Bagdad, supuestamente en las mismos ofensivas que causaron la muerte de veinticinco supuestos terroristas.
El mando norteamericano en Bagdad dio también ayer noticias de de la muerte de más de cuarenta hombres sospechosos de estar relacionados con la red de Al-Qaida en una operación de las fuerzas de coalición lanzada el domingo por tierra y aire contra insurgentes en la localidad de Yusufia. La misión logró, asimismo, la destrucción de tres pisos francos y un coche cargado de explosivos.
Fuentes de las tropas de ocupación informaron también de que sus fuerzas realizaron durante el pasado fin de semana varias operaciones de registro, en las que mataron a un presunto terrorista y a otras quince personas sospechosas de estar relacionadas con la banda terrorista liderada por Osama bin Laden.
Mientras tanto, varios parlamentarios iraquíes mostraron ayer su esperanza en que hoy o mañana se anuncie la formación del nuevo Gobierno y pueda así ayudar a poner fin a la violencia.
Según afirmó el miembro de la chií Alianza Unida Iraquí, Abass al-Baiati, las partes negociadoras han acordado ya el reparto de numerosas carteras.
Sin embargo, Al-Baiati destacó que existen diferencias con el Frente del Consenso Iraquí, que agrupa a los partidos suníes, sobre un cargo ministerial que les ha sido adjudicado y quieren cambiarlo por otro que no precisó.
Además, ocho policías locales murieron y otros diez resultaron heridos en enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los guardaespaldas armados de un líder tribal local en las afueras de Basora. Los choques comenzaron después de que un grupo de hombres vestidos de uniforme policial abriera fuego contra un líder de la tribu Garmasha, según el capitán Mushtaq Jazim. En respuesta, los combatientes del señor de la guerra ocuparon el cuartel de la Policía de una localidad situada a treinta kilómetros al norte de Basora.