Christian Chams modela y rejuvenece los rostros de las mujeres más atractivas, ricas y poderosas del mundo. Desde Carolina de Mónaco a Nicole Kidman, Sharon Stone, Rania de Jordania o Camila Parker. El doctor iraní afincado en París pasará cada mes consulta en Bilbao para inyectar a las pacientes bilbaínas sus famosos y misteriosos «cócteles vitamínicos». Delgadísimo y con unas manos muy largas, apenas descansa treinta minutos para comer -sólo dos sándwiches pequeñísimos- y atender esta entrevista. La sesión: 1.000 euros.
-¿Está contento de su cara?
-Ah, sí, sí. Muy contento. Aunque me encuentro también muchos defectos. Me los trato yo mismo. Observe mi frente. ¿Cómo la ve?
-Lisa.
-¿Querría verla un poco menos flácida y con menos arrugas! Estaría más contento.
-¿Prueba de su propia medicina? Sus famosas inyecciones
-¿Absolutamente! Algunos pinchazos son un poquito dolorosos, pero no pasan de leves molestias.
Molestias que se reducen, asegura, a pinchazos como «picaduras de mosquito» y al temor que a mucha gente le producen las agujas; aunque poco parecen importarle a sus miles de seguidoras. Cuenta que «no hay misterios» en las vitaminas que les infiltra. «Uso todo lo que permite utilizar la medicina estética: bótox, productos de homeopatía, ácido úrico...», se defiende. Chams afirma que les inyecta productos de bioestimulación que ayudan a la piel a generar los elementos que se pierden con la edad, «como el colágeno, la elastina y el ácido hialurónico», que, asegura, 'plancha' las arrugas. Los pinchazos provocan efectos reparadores, ya que tensan la piel sin paralizar los músculos, «como sucede a las pacientes que se someten a intervenciones quirúrgicas. Salen con cinco o diez años menos», explica. Las sesiones se prolongan durante unos quince minutos.
«Soy como un gran chef»
Veinticinco años después de iniciarse en el negocio, su fórmula constituye aún un secreto, incluso entre los expertos . Chams se compara con los grandes cocineros. «¿Cuál es la diferencia entre Arzak y un chef normal? Los dos usan pimienta, aceite y sal, pero él consigue una combinación más fabulosa. ¿La diferencia está en la mezcla de medicación! Yo utilizo vitaminas, antioxidantes, oligoelementos... ¿Lo mismo que los demás!
-Antes de tratarlas, ¿sus clientas se disgustan al verse en el espejo?
-¿Ah, sííí! Hay de todo, pero tengo muchas pacientes que sufren la ansiedad de envejecer. Trato con muchas actrices en Londres, París y Madrid, de entre 35 y 38 años, gente muy guapa que se ha habituado a venir a mí antes de que les aparezcan las arrugas. Pero otras se horrorizan al despertarse cada mañana y mirarse al espejo. A mí me traumatizó el envejecimiento de mi madre.
-¿Por qué?
-Ella fue la razón de que estudiase medicina estética y dermatología. Estaba enamorado de ella. Se miraba al espejo todas las mañanas y me enseñaba sus nuevas arrugas. Conseguí un sueño.
-¿Cuál?
-Al concluir los estudios acabé con su obsesión. Cuando era pequeño, en mi casa había 63 espejos.
-¿Para qué tantos?
-Para verse mi madre. Todo el tiempo estaba: '¿Ah, mira, tengo aquí una arruga de más! ¿Estoy bien, Christian?. ¿Y qué tal estoy hoy, niño?'. Yo tenía doce años. Pasó toda su vida preocupada por las arrugas y el paso del tiempo. A todas horas hablábamos de ello en casa.
-¿También le preocupa a usted?
-¿Nada de nada! Quiero estar bien y joven por mucho tiempo, pero no hasta esos extremos. Milagros no puedo hacer. Y ningún hombre deja a su mujer por una arruga de más. Pero, ¿sabe por qué me convertí en el favorito de mi madre siendo como éramos seis hermanos? Porque la traté y la dejé mucho más bella.