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Jueves, 18 de mayo de 2006
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CON REMITE
Las rampas mecánicas
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En principio, controversias logísticas aparte y criterios estéticos al margen, la idea de dotar el casco antiguo de unas escaleras mecánicas que faciliten el tránsito arduo por la zona parecía muy interesante. Se trata de una zona habitada por mucha gente mayor a la que es preciso facilitarle las cosas para que no lleguen deslomadas a su casa después de la compra, si se me permite simplificar el problema a efectos entendibles.

Sin embargo las ideas propuestas para solucionar el caso no parecen del todo adecuadas. La conclusión provisional es que algo se ha hecho mal o no se ha hecho bien del todo, que a efectos prácticos es lo mismo. No creo que solucionar un problema de esta envergadura sea tan difícil, pero es sabido que en esta ciudad las dificultades surgen desde el mismo momento de plantear una idea. De inmediato se reúnen varios sanedrines belicosos que se opondrán a la resolución del conflicto, otros que plantearán problemas que en realidad no existen y algún sensato ciudadano, o algunos sensatos ciudadanos, que intentarán analizar el problema con un mínimo de sensatez.Yo me quedo con este último grupo.

Se trata sobre todo de una cuestión de pericia técnica que no debería ser tan difícil de resolver. Si los cálculos están mal hechos no creo que haya problema en rehacerlos y si están bien no veo ningún inconveniente en seguir adelante. Por eso no me explico cómo somos incapaces de emprender una obra pública sin que surja la tediosa polémica de siempre. Estamos rodeados de una multitudinaria tribu de expertos cuyas propuestas no sabemos interpretar o sabemos interpretar mal, quizá porque nos las han explicado con singular torpeza.

Pase lo que pase, algún día quizá veamos las rampas funcionando. O no.En esta capital puede pasar de todo.



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