El escenario del Arriaga se convirtió ayer y hasta el día 28 en el comedor en el que dos canallas que se odian, el diplomático Maurice de Talleyrand (Josep Maria Flotats) y el revolucionario primer ministro de Francia Joseph Fouché (Carmelo Gómez), pactan durante una cena las condiciones en que Luis XVIII retomará el poder con el definitivo exilio de Napoleón tras Waterloo.
«El banquete- un episodio real de la historia, famoso porque Chateaubriand dijo que en él se pudo ver «el vicio de la mano del crimen»- se convierte en un intercambio de réplicas, trampas y dobles juegos, que enganchan al espectador por su cinismo», explicó Flotats, director y protagonista de la función. «Posiblemente Brisville -el autor- se ha limitado a inventar la verdad de lo que pasó».
La obra, galardonada el años pasado con el premio Max a la mejor dirección, está dedicada José Tamayo, desaparecido director del Bellas Artes de Madrid, donde fue estrenada en el verano de 2004. Se trata de una versión del texto del mismo título de Jean Claude Brisville, traducida por Mauro Armiño (responsable de la mayoría de textos de Molière y Proust en castellano). La adaptación a la situación española «con el permiso del autor y para demostrar que la corrupción se da en todas partes y épocas» corre a Flotatsr. «He esperado quince años para tener la edad apropiada para interpretar a Talleyrand», dijo ayer el actor catalán.
La obra recala en Bilbao en su segunda y última temporada, ya que en julio echará el telón definitivamente. «Han sido más de 150 funciones, dos años en el teatro y ocho meses de preparativos. En agosto descansaré y para septiembre quiero empezar a pensar en otro proyecto», aclaró Flotats.
Absoluta actualidad
A pesar de ser una obra ambientada en 1815 la situación es completamente actual. «El público no necesita conocer la historia para disfrutar de ella. Es alta comedia negra sí, pero también popular porque tiene diferentes lecturas según el nivel cultural del espectador. Todos disfrutan». Además, los dos políticos, a los que la Francia napoleónica bautizó como 'la mierda en medias de seda' por las refinadas maneras y pérfidas intenciones de Talleyrand, y 'el carnicero de Lyon', Fouché, por su detestable costumbre de ordenar fusilamientos, enseguida son relacionados por el público con figuras actuales. Flotats prefiere no decir a quién le recuerdan: «Porque la distancia histórica pondrá a cada cual en su sitio y a veces les juzgamos mal», pero comenta que la cena debió parecerse a la conferencia de Yalta. «Allí, ente tres personas decidieron el futuro del mundo para 50 años. ¿Y todo ello con mucho vino!. Sí conducir bebido está prohibido, gobernar bebido es mucho más peligroso y es lo que sucede en las cimeras».