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Sábado, 20 de mayo de 2006
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CULTURA
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Niños que dan la nota
Bilbao Distrito Jazz invita a enlaCe a asistir a una original clase: cuatro músicos inician a medio centenar de niños en las claves de la música que inmortalizó a Charlie 'Bird' Parker
Niños que dan la nota
AL CUARTETO le bastó con una batería, una guitarra y un contrabajo.
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Cuentan que el jazz nació en una plaza de Nueva Orleans, Congo Square, el único sitio público de Luisiana donde las autoridades no habían prohibido a los esclavos negros tocar su música. Allí, entre palmas y gracias a los instrumentos que se habían traído de su África natal, nació un estilo musical al que hoy, curiosamente, relacionamos con sitios exclusivos y gente refinada.

Una creencia arraigada que Itxaso González se empeña por neutralizar. «El jazz es para todo el mundo. No hace falta ser un entendido para asistir a un concierto», asegura. Y quien habla es, precisamente, una de las voces más destacadas dentro del panorama nacional de este estilo. González confiesa que fue a su primer concierto de «muy mayor». Y disfrutó.

Ahora, para que los más pequeños no tengan que esperar tanto para su primera vez, esta bilbaína canta para ellos al menos una vez al año. Y le da igual la edad que tenga su público porque en su peculiar escuela no hace falta tomar apuntes. Sólo sentarse y escuchar con los ojos muy muy abiertos.

Que es más o menos lo que hizo Irati, una niña baracaldesa de tan sólo año y medio, hace unos días en el centro cívico de Begoña, en Bilbao. Ella, junto a medio centenar de niños más, asistió a uno de estos recitales para escolares. Era la cita anual de González con el programa 'Bilbao Distrito Jazz', una iniciativa que organizan el Ayuntamiento de Bilbao y la sociedad Bilbaína Jazz Club desde hace seis años. Su objetivo está claro: que por unos días, Bilbao se convierta en la Nueva Orleans de antes del Katrina.

Si uno piensa en un concierto de jazz, puede que se le vengan a la cabeza imágenes clásicas. Tal vez un bar de los años cuarenta, con elegante terciopelo cubriendo las mesas, donde los crupieres moldean las cartas a su antojo. Tal vez un par de hombres beban 'gin&tonic' mientras otro enciende un cigarrillo con cerillas de madera. Al fondo, suena un piano en un escenario poco iluminado y una mujer exhala corazón por la garganta.

«¿Qué tranquilita!»

En Begoña, sin embargo, no había nada de eso. Ni falta que hizo. La magia la ponían la voz de González y la maestría de tres músicos más: Mariano Steimberg, Dani Pérez y Carlos Gracia. Apenas una hora les sirvió para desgranar los misterios de una música tan bonita como desconocida para el gran público. Y más, para el que cantaban, aún encandilado por 'el corro de la patata'.

En brazos de su madre, Irati se dejó llevar por la batería de Steimberg como si lo que estuviera escuchando fuera una nana. «¿Qué tranquilita!», se maravillaba la progenitora. No era un truco. Durante casi una hora, el cuarteto de músicos se esmeró por atraer la atención de los más pequeños. Y para ello, no dudó en tirar de marionetas o de canciones populares, con la colaboración de una actriz, Yolanda Bustillo, que ejercía de enlace con los críos.

Para Irati, éste era su primer recital. Y a una edad precoz, pero que evidencia la salud de esta iniciativa. Porque su objetivo es «fomentar la toma de contacto» de los más pequeños con la música de una forma divertida «y participativa», explica González. No se trata de que se sepan al pie de la letra la historia del jazz y distingan, al primer acorde, si es clásico o bebop; sino de que se familiaricen con estos sonidos. Por eso, el verdadero éxito de los conciertos no está en que los niños estén quietos, sino en que sigan con sus manos el ritmo de la música... E improvisen, claro.



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