La faena de Pablo Hermoso al quinto fue una de las cosas más notables de San Isidro. Ligeramente distraído, el toro no tardó en despabilarse. Tras dos rejones de castigo, Pablo exhibió un caballo nuevo en su cuadra. 'Merlín' es isabelo de pinta, ágil y valiente. A los medios lo sacó todas las veces Hermoso para citar. El toro pesaba y el caballo aguantó.
Pese a los ataques del toro, la faena fue de una economía de terrenos y medidas excepcional. Luego, Hermoso cambió de caballo para cerrar faena y para adornarse y matar, un tordo, 'Sármata', traído de México. Con él puso a dos manos un par de las cortas cuando ya el toro estaba sometido. Tras una estocada perpendicular y algo trasera, Pablo echó pie a tierra. El toro se arrancó contra el caballo, lo revolcó y le pegó en la boca una cornada. Con tanta fuerza no se habían pedido dos orejas en Las Ventas desde hacía mucho tiempo. El palco negó la segunda.
Con una oreja se premió el trabajo desordenado y entusiasta de Álvaro Montes con el sexto, el toro de mejor son. También con una oreja, pero más cara, se recompensó la primera de las dos faenas de Hermoso. Como ese segundo de corrida salió apagadito, Pablo se permitió el lujo de hacer tirabuzones en galopes. Tres de esas tandas las remató con clavadas al pitón contrario de rigurosa precisión. Fue de esos días en los que cuesta torear al lado del genio porque las comparaciones se hicieron tan notables como las diferencias.
Moura mató por delante un toro que pegó arreones y se paraba cuando no hacía presa. No fue faena para la galería. Lo fue más la otra, con un cuarto. Sobrio, Moura clavó un par antológico. En los dos turnos se le atascó el descabello. Montes dio cuanta guerra pudo. A porta gayola y a punta de garrocha recibió a sus dos toros: el tercero se negó, el sexto sí quiso. Trabajo de muchas piruetas. La gloria de una oreja y un caballo herido.