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Sábado, 20 de mayo de 2006
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ECONOMÍA
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El gasoducto que conecta Euskadi y Francia entrará en servicio a principios de junio
El lehendakari y los ministros José Montilla y François Loos lo inaugurarán el próximo día 19 La construcción de los 28 kilómetros ha costado 22 millones
El gasoducto que conecta Euskadi y Francia entrará en servicio a principios de junio
Imagen de las obras de construcción del gasoducto, que será inaugurado dentro de un mes. / EL CORREO
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El gasoducto que unirá por primera vez las redes de distribución del País Vasco y Francia entrará en servicio comercial en los primeros días de junio, después de un proceso de construcción que se ha prolongado durante algo más de dos años. El tubo, que recorre los 28 kilómetros que separan las localidades de Irún y Arcangues, es la punta del 'iceberg' de un proyecto mucho más ambicioso que se ejecutará en los próximos ejercicios y que reforzará la capacidad de intercambio de gas natural a ambos lados de la frontera.

El próximo día 19 de junio -si por fin encajan las agendas de todas las autoridades, después de varios aplazamientos-, el lehendakari, Juan José Ibarretxe; el ministro español de Industria, José Montilla y su colega galo, François Loos, inaugurarán oficialmente esta infraestructura de transporte energético, que las autoridades vascas han perseguido desde hace casi 20 años. El acto se celebrará en una estación de medición de gas del grupo Total, ubicada en la localidad francesa de Urrugne.

28 kilómetros

Los 25 kilómetros que discurren en territorio francés, entre Arcangues y Biriatou, han sido financiados por la compañía francesa TIFG, perteneciente a Total. Los 3 kilómetros que separan Irún y Biriatou son una responsabilidad de Naturgas, compañía controlada por la portuguesa EDP. La operación ha requerido la inversión de unos 22 millones de euros. La mayor complejidad técnica, curiosamente, ha estado en el lado vasco, ya que hubo que realizar una perforación subterránea para salvar el cauce del río Bidasoa.

Las obras se han ejecutado con dos años de retraso sobre los plazos previstos inicialmente. En junio de 2001, el entonces consejero de Industria del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, anunció la consecución del acuerdo que iba a permitir la construcción de esta red de transporte, que aportará seguridad de suministro de gas en el todo el territorio español, al tiempo que supone una oportunidad de exportación de energía.

Estos 28 kilómetros de gasoducto son una parte muy pequeña del complejo proyecto de conexión de las redes francesa y vasca. En su totalidad, esta operación supone el despliegue de 315 kilómetros de tubería y la inversión de 180 millones de euros. Los dos extremos de esta nueva red serán el puerto de Bilbao, donde está instalada la planta regasificadora en la que descargan los buques metaneros, y del otro lado la localidad francesa de Lussagnet. En este punto, la compañía TIFG dispone de un almacén natural subterráneo.

Ampliación de capacidad

Y es que, aunque la conexión entre redes estará garantizada con la entrada en funcionamiento de este tramo, la que existe a ambos lados de la frontera tiene una limitada capacidad, insuficiente para atender el suministro doméstico y el transporte de larga distancia. Por ello, el resto de kilómetros que compondrán la nueva red, y cuya construcción se abordará durante los próximos años, supone en realidad, una ampliación de la actual.

Ha sido precisamente la entrada en funcionamiento de la regasificadora del puerto de Bilbao la que justificado para los franceses esta conexión, a la que se habían resistido durante décadas. La posibilidad de que el sur de Francia pueda abastecerse de gas que entra en el sistema desde las instalaciones portuarias vizcaínas es la clave que más han valorado para acceder a esta inversión.

Hasta ahora, tan sólo existía un punto de conexión entre las redes gasistas francesa y española, con un gasoducto que pasa por la localidad navarra de Larraun. En este caso es una instalación que tan sólo permite el paso de gas en una dirección, de Francia a España, pero no al revés.

El sur de Francia siempre ha sido lo que en el argot del sector del gas natural se conoce como un 'culo de saco', por la gran distancia que le separa de las grandes redes europeas de distribución, que proceden del Norte y Este de Europa.



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