Los exiguos tres escaños de ventaja con que la coalición de Prodi cuenta en el Senado no causaron ayer ninguna sensación de precariedad y el nuevo Gobierno italiano obtuvo la confianza de la Cámara en un trámite limpio. Es más, para indignación del centroderecha, los siete senadores vitalicios del aula, cargos honoríficos conferidos a ex presidentes de la República y personalidades de prestigio, votaron a favor del Ejecutivo y ampliaron la mayoría en el resultado final: 165 votos contra 155. De este modo, el equipo de Prodi demuestra que funciona y pasa su primera prueba, la más delicada, pues el Senado es su punto débil y tiene un precedente inquietante. Fue la elección del presidente de la Cámara, en la que algunos 'traidores' votaron en contra. Pero eran los días de las negociaciones por el poder en el centroizquierda. Ayer no hubo sorpresas.
Prodi estaba exultante, pero la atracción de la jornada fue la violenta reacción del centroderecha a la conducta de los senadores vitalicios, pues desde las filas de Berlusconi se considera que al no ser elegidos, sino designados por el jefe de Estado, deberían abstenerse. Mientras se dirigían a votar fueron imprecados con gritos de «¿Vendidos!», incluidos los dos democristianos más cercanos a la derecha, como Giulio Andreotti -que hasta fue el candidato de la oposición a la presidencia del Senado- y Francesco Cossiga. E incluido también el nuevo senador vitalicio Carlo Azeglio Ciampi, hasta ahora presidente de la República, que ayer se estrenó en su nuevo cargo. Silvio Berlusconi, desde Nápoles, no se anduvo con rodeos: «Han hecho algo que es profundamente inmoral», una opinión que recibió fuertes críticas. «Votar es mi deber y me da igual lo que diga Berlusconi», replicó la premio Nobel, Rita Levi Montalcini, de 97 años y senadora vitalicia. La sensación de que la derecha había perdido un poco los papeles llevó incluso a que el presidente del grupo de Forza Italia, Renato Schifani, juzgara «injustificables» los abucheos a Ciampi, respetado por todo el arco parlamentario.
Primer aviso de chantaje
La Unión de centroizquierda de Romano Prodi, por tanto, salió airosa del paso y no tendrá problemas para hacerlo también el lunes en el voto de confianza de la Cámara de Diputados, donde su mayoría es muy amplia. No obstante, en la víspera del voto de ayer se registró una incidencia, de carácter menor, pero que da la idea de la situación en que se halla Prodi, al mando de una alianza de nueve partidos. Los cinco senadores de la pequeña formación Italia de los Valores, del ex magistrado Antonio di Pietro, amenazaron con votar en contra del Gobierno para expresar su disgusto por la supresión del ministerio para los Italianos en el Extranjero. Aunque nadie creyó que lo dijeran en serio, lo cierto es que en la práctica es perfectamente posible que una estupidez de este tipo derribe el Gobierno.
Si alguien de La Unión es capaz de planteárselo al día siguiente de la formación del Ejecutivo, cuando debe pasar el primer voto de confianza, qué no se le ocurrirá dentro de unos meses. Si este episodio ha sido una bagatela o un preludio, el tiempo lo dirá, pero el riesgo permanente de chantaje flota sobre Prodi. «¿Volverá muy pronto Silvio Berlusconi, la vuestra será una Italia breve!», clamó ayer Schifani. De momento, la Italia de Prodi sigue adelante. i.dominguez@diario-elcorreo.com