La música atronó ayer en Laguardia con motivo de la celebración del Día del Gaitero Dulzainero, una jornada en la que la 'capital' de la Rioja Alavesa hace alarde de sus intrumentos más tradicionales. Un año más, este fin de semana la música popular ha sonado por todos los rincones de la villa amurallada para deleite de sus vecinos y de muchos visitantes.
En esta nueva edición -y ya van nada menos que 32- la asistencia ha sido masiva, sobre todo en la jornada de ayer, cuando se celebró el acto más emblemático de la programación. El alarde de gaiteros dulzaineros ha contado con la presencia de cientos de músicos de 52 agrupaciones procedentes, en su mayor parte, del País Vasco y Navarra. No obstante, han acudido también grupos de La Rioja, Zamora, Palencia, Salou, Valencia, Miranda de Ebro, Madrid, Soria e, incluso, formaciones de Francia.
Día de homenaje
Antes del alarde, todos los participantes pudieron degustar chorizo picante y un buen vino cosechero en la plaza principal de Laguardia. Después se homenajeó al grupo Hermanos Coca, protagonistas de la fiesta de este año.
Félix y Ángel Coca son dos personajes muy populares en la comarca. No es de extrañar. Empezaron a amenizar con su música diferentes encuentros en la localidad cuando corrían los años cincuenta.
Después de tocar el clarinete, el saxofón y la trompeta en la Banda Municipal de Laguardia, en la década de los setenta probaron con la gaita, a la que lograron sacar melodías junto al alabalero Juan José Amelibia. En una época en la que los instrumentos tradicionales carecían de intérpretes en la localidad, los hermanos Coca facilitaron la transición desde la vieja escuela gaiteril hacia la nueva, que hoy en día goza de buena salud.
Fue en esos años cuando se gestó el Día del Gaitero-Dulzainero, una fiesta en homenaje a la música y al pasado de Laguardia, con el cual Félix y Ángel mantendrán siempre una gran vinculación.
La Agrupación Musical de la localidad ofreció un concierto de banda y gaita con los Gaiteros de la Villa, en el que participaron los gigantes de Vitoria y que finalizó con el baile del txula-lai.
Después, para hacer tiempo hasta la hora de comer, todos los grupos de gaiteros recorrieron las calles de la localidad. A continuación, Asier Curero, del hotel Marixa, se encargó de servir la comida de hermandad.