Diezmado por las ausencias y los descartes, acorralado con un 2-0 en contra y al borde de una eliminación dramática que hubiera supuesto su destierro de la próxima edición de la Euroliga. El Real Madrid llegaba ayer al Palau en una escalada crítica de mal juego, desconfianza y a punto de desatar una tormenta de desastres y salió del infierno blaugrana con el pecho hinchado y la sensación de haber firmado una auténtica gesta al superar al Barcelona por 76-84. El resultado le permite acortar distancias en la eliminatoria (2-1).