Juan Manuel Garate estaba emocionado por partida doble. Había ganado una etapa en el Giro de Italia, uno de sus sueños desde que estrenó el maillot de Lampreen Italia, y dos días antes se había recibido por un fax enviado por su mujer Eider, la primera ecografía de su embarazo.
La emoción no ocultaba la enorme alegría que sentía en el podio de San Pellegrino. «Sólo me valía la victoria. Al final me ha salido bien. Llevaba tiempo buscando este triunfo y hoy me la he jugado y he conseguido ganar. Tengo que disfrutar por todo lo que me ha costado».
El irunés, ahora en el Quick Step belga, agradeció el gesto de Jens Voigt, que no le disputó la victoria. «He realizado todo el esfuerzo y al final he notado que el alemán estaba más fuerte que yo, porque no me había entrado al relevo. Ha sido un detallazo por su parte. Ha demostrado ser un grandísimo campeón, un mejor ciclista y una mejor persona. Se lo agradeceré toda la vida. Le debo la mejor victoria que ahora adorna mi palmarés».
También alabó el esfuerzo combinado de sus compañeros Bettini -«no es normal que todo un ganador de clásicas trabaje en la subida al Pordoi para ayudar a un compañero»- y Engels, «que se ha reventado en el llano para que yo pudiera llegar a pie de puerto descansado. Me han 'soltado' con la obligación de ganar y no les he fallado».
José Enrique Gutiérrez (Phonak) por su parte estaba satisfecho con el desenlace de la etapa. «Me daba mucho miedo el último puerto. Sabía que Simoni no me iba a dejar en paz. Mi estrategia era ir a rueda de Basso y he estado a punto de pagarlo. Menos mal que me he dado cuenta que Piepoli y Simoni iban demasiado fuertes y les he dejado ir. Al final he acompasado mi pedalada y sólo he perdido una veintena de segundos. Sólo queda la etapa de mañana (hoy) con final en Aprica para terminar segundo en Milán».