Los trabajadores de GPA, la fábrica de Gamesa en Miñano -principal centro del sector del grupo vendido hace quince días- aceptan un pacto con una subida salarial limitada al IPC, sin aumentar la jornada. Los nuevos dueños de Miñano han mantenido esta oferta tras el traspaso de acciones.
El 60% de los 245 empleados que emitieron ayer su voto al final de una asamblea para decidir el convenio asumieron esa limitación salarial si a cambio no se les exige trabajar más horas, una condición que fue impuesta el año pasado a sus compañeros de Fuasa y Moasa, las otras dos fábricas alavesas que han pasado a manos de un consorcio liderado por la Caja de Castilla la Mancha. La jornada se mantendrá invariable, en el cómputo anual de 1.569 horas, hasta diciembre, pues la vigencia del previsible pacto abarcaría al pasado 2005 y al actual 2006.
Pero la aprobación de este pacto por parte de la asamblea no cuenta con el pleno apoyo de los sindicatos. Un asesor de UGT, la central que lideró los acuerdos de los tres centenares de personas que trabajan en Fuasa y Moasa, anunció ayer que su delegado en la planta de Miñano no aceptará la firma del convenio de GPA «si no incluye el mantenimiento de los 350 puestos de trabajo». Explicó que el compromiso que logró ayer el respaldo mayoritario del pesonal no incluye «esa garantía».
Un representante de ELA, la central más representativa de la planta de Miñano, donde ocupa seis de los trece puestos de su comité, expresó ayer varias objeciones al contenido del acuerdo que ha logrado el respaldo de la plantilla. Precisó que la subida del 3,2%, que se pagaría con efectos desde enero de 2005, y la del 3,7% para este año, tendrían como base de aplicación el salario base y no otros conceptos retributivos que suponen hasta un 20% del sueldo.
Acuerdo de transición
El portavoz de ELA expresó también su desacuerdo con que la subida de 2005 sea lineal, pues tal sistema supone que una parte del personal -el de sueldos más altos- no llegaría a una actualización salarial similar al IPC.
Dada la división sindical existente, el comité tendrá que analizar si asume negociar en bloque lo elegido por la plantilla, o deja esa labor en manos de LAB y USO, los dos sindicatos que defendieron su aprobación en la asamblea. En ese caso el acuerdo alcanzado no tendría eficacia general, pues las dos centrales favorables sólo controlan seis de los trece puestos del órgano sindical.
El delegado de LAB y presidente del comité, Aitor Bezares, admite que la subida salarial es limitada, pero resalta que «se consigue sin tener que haber claudicado» cambiando descansos por tiempo de trabajo.
Margari Iza, de USO, estima que «teniendo en cuenta que debemos negociar un nuevo pacto dentro de seis meses, lo mejor es actualizar ahora los salarios y dejar otros asuntos para el nuevo convenio».