Los árabes colocaban los fragmentos de calcita sobre los hornos para atraer la buena suerte a los hogares y los curanderos la recetan para las personas depresivas. ¿Tiene este mineral poderes curativos? Como placebo, seguramente sí, pero algo más importante debe emanar para justificar el escándalo que se acaba de montar en Ilarduia tras conocerse que el Gobierno vasco había autorizado, en una decisión sin precedentes, la explotación subterránea de una mina que todo el mundo daba por olvidada en la zona más protegida del parque natural de Aizkorri-Aratz.
Ante el asombro de todos los que lucharon en 2004 contra este proyecto impulsado por el Ente Vasco de la Energía (EVE) y dos empresas, el Boletín Oficial del País Vasco del pasado 19 de mayo publicaba el esperado Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del parque Aizkorri- Aratz (PORN). «No dábamos crédito. Lo habíamos dado por zanjado porque habían aceptado nuestras alegaciones contrarias a cualquier mina», señala la diputada de Urbanismo y Medio Ambiente, Marta Alaña, molesta con las formas con las que ha actuado el Ejecutivo autónomo. «Estamos defraudados. Pediremos explicaciones no sólo a Esther Larrañaga, sino a los partidos que han aprobado la sustancial modificación en el Consejo de Gobierno de Lakua. Hace dos años Ezker Batua nos pedía en las Juntas a nosotros que nos posicionáramos en contra. ¿Y ahora qué?», critica Alaña.
«A los tribunales»
El enfado de Marta Alaña es compartido por el colectivo Ekologistak Martxan y por los vecinos de Ilarduia, los principales afectados. «Fraude de ley», «traición», «iremos a los tribunales», han sido algunas de sus reacciones. «El próximo jueves nos reuniremos en concejo para analizar qué ha pasado y qué ocurrirá con la mina. Teníamos la convicción, después de la consulta y las alegaciones aceptadas de rechazo a la mina, de que al no aparecer en el PORN, no había amenaza. Es como volver a empezar», lamenta Carmen Mendigutxia, residente del pueblo.
¿Qué hay detrás de esta decisión del Gobierno vasco, que algunos la sitúan en el equilibrio de poderes del tripartito y, concretamente, entre el poderoso Departamento de Industria (PNV) y el de Medio Ambiente (EA)? «Es una imposición del PNV», explican algunas fuentes. «En realidad, la legislación de minas es tan compleja que no han tenido más remedio que tragar. Si tienen una concesión del Estado central, no hay ley autonómica que esté por encima. El subsuelo es como el agua, pertenece al dominio público», señalan otras fuentes consultadas.
Al parecer, el tesoro de este nuevo espacio protegido de 19.400 hectáreas no es la marta -un animal en peligro que aquí campa a sus anchas- ni los 22 habitats de interés comunitario, ni las 15 aves, 5 mamíferos, un pez y un invertebrado cuya presencia justificaría por sí sola una declaración de parque natural. No. La joya por la que un plan de ordenación -el documento que enmarca cómo se gestiona el ecosistema- sufre una modificación tan importante es la calcita, ese mineral blanquecino, que se parece al mármol, tan escaso y que cada día cuesta más. Se utiliza en industrias tan importantes como las de pinturas, papel, la alimentaria -fundamental para los pollos- o la farmacia. Va en las pastas dentríficas como blanqueador y en las aspirinas.
«Cartel de malditas»
Aunque sabe que navega contra corriente, el geólogo Jesús Alonso, director del Museo de Ciencias Naturales, defiende la explotación de minerales como una oportunidad de obtener un recurso natural y escaso. «En ese lugar ha habido extracciones históricamente. Las minas, las canteras llevan pegadas el cartel de malditas. Nadie las quiere. ¿Pero alguien se imagina el mundo sin piedras para construir o sin el hierro, el carbón, el plomo o el cobre que nos han permitido evolucionar? ¿Vamos a prohibir las vacas en el parque porque nos contaminan los acuíferos? Una mina, si se cumplen las exigencias legales y las medidas correctoras, es más limpia para el medio ambiente que un campo de golf», insiste Alonso.
En realidad, los promotores de la explotación (el Ente Vasco de Energía -sociedad pública adscrita al Departamento de Industria- y las firmas privadas PMC y Eusebio Echave) ya lo advirtieron. Se retiró el proyecto dos días antes de una consulta popular en Ilarduia ante la presión de la opinión pública, a finales de 2004, pero no renunciaban al yacimiento que quedaba «dormido para tiempos mejores». Incluso, señalaron, que el nuevo proyecto incluiría todas las alegaciones para que el impacto fuera cero.
Esta semana, fuentes del EVE aseguraron a EL CORREO que el proyecto de Ilarduia sigue dormido. No tienen prisa. Micronizados Naturales S.A., empresa participada en un 50% por esta sociedad pública, explota actualmente un yacimiento de calcita de gran calidad en Trucios (Vizcaya).
Revuelo político
El asunto, calificado por muchos como un escándalo, ha tenido también un gran calado político, al dejar en una situación incómoda tanto a Eusko Alkartasuna como a Ezker Batua, dos partidos que habían rechazado siempre la mina junto a más de 20 colectivos sociales y sindicales alaveses. Hasta el punto de exigir a la propia Diputación que se posicionara en contra del proyecto que ellos han apoyado en Lakua.
Una portavoz del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco ha señalado que pese a la autorización en el PORN, «en la práctica no se puede explotar la mina por su impacto en los accesos. No se ha dado un sí, sino un 'ya veremos'». Esa idea fue destacada por el portavoz de EA en las Juntas Generales de Álava, Manuel Ibarrondo. «Tenemos el compromiso de la consejera de que el proyecto no se autorizará y será inviable porque los accesos no superarían un estudio de impacto ambiental. Esa mina no se llevará a cabo», ha señalado Ibarrondo.
También desde Ezker Batua el juntero Ritxar Bacete admitió estar sorprendido. «No asumimos ese proyecto y lucharemos en el Gobierno para revocar esa autorización», manifestó el procurador alavés.
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