Entre los residentes de Zabalgana se extiende la broma de que viven «en Beirut a precios de Beverly Hills». Por mucho empeño que pongan las empresas en concluir la ur-banización, el desfase entre los pisos acabados y el entorno a me-dio hacer, calles, calzadas, aceras o parques, pesa como una losa para los mil residentes de la nueva ciudad que nace al oeste de Vitoria.
En el año transcurrido desde que los pioneros comenzaran a vivir en el barrio se han acumulado los motivos de quejas, polvo, ruido, basuras, correos o transporte. Pero ha sido el comienzo del asfaltado de algunas avenidas como Zabalgana o La Ilustración, la que ha disparado el descontento. Un malestar que ha hecho que algunos se planteen como medida de presión contra el Ayuntamiento el impago del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), que ya ha comenzado a girarse.
Petulia Bregón, por ejemplo, se queja de falta de información de los días de asfaltado, lo que ha motivado que no haya podido acceder a su garajes desde hace dos días. «Ha sido la gota que ha colmado el vaso. Hemos hablado entre vecinos y estamos sopesando crear una plataforma para no pagar el IBI. Así nos harán caso».
Otra residente, Cristina Apiñániz, expone la misma queja de «falta de información» sobre el asfaltado y de la ausencia de contenedores para el reciclaje. Es lo que más echa de menos David Barrero, 26 años, propietario del primer bar que abrirá sus puertas en el barrio el día 2 de junio con el nombre de 'Deep blue'. «Vamos a convivir con el polvo. En los garajes se acumula una capa de 2 ó 3 centímetros, pero yo quiero un contenedor para papel, plásticos y botellas», señala mientras ultima los detalles de su local de la Avenida de la Ilustración.
«Hemos pagado el pato de ser los primeros. Sabíamos lo que había, pero creo que hay que exigir cosas mínimas. Ha sido peor de lo que imaginaba. Pero es que yo no tenía opción. Vine hace un año. Vivíamos en casa de un amigo», dice Gloria Galán, de 35 años.
«Demasiado ruido»
Esther Latorre desde hace tres semanas en el número 23 de la Avenida Zabalgana. Cuando sale del portal, el ruido de camiones, rotaflex, y el bullicio de los obreros, le recuerda donde está. «Tengo un niño pequeño y tanto ruido desde la mañana es muy molesto. Pensé que sería menos», subraya la nueva vecina del barrio.
El asfaltado crea situaciones tensas. La conductora de un dumper le grita a un chófer de otro para que no pise la capa de brea de la calzada. «Es que no ves que manchas la acera», le increpa. El otro obedece a regañadientes.
No todo el mundo ve las cosas tan mal. Dalvis Cobo lleva 15 días con su tienda de ropa infantil 'Jonhy's' abierta. «Todavía queda mucho por hacer. Hay que darle tiempo», dice. Incluso no poder aparcar por el asfaltado es una molestia asumible porque la cale va a estar mejor», concluye.