Dieciocho millones seiscientos cuarenta mil trescientos treinta y una personas. Ése es el guarismo que refleja el colectivo de los trabajadores cotizantes en España en estos momentos. Nunca antes habíamos trabajado tantos a la vez en este país.
La verdad es que la mayoría de los que opinamos sobre la economía llevamos tiempo advirtiendo de los peligros que nos acechan en el horizonte. Conocen la película de sobra. Las cosas se empiezan a torcer porque el diferencial de inflación que mantenemos con nuestros socios-competidores europeos erosiona nuestra competitividad. Esto nos lleva a un deterioro de la balanza comercial y a una ralentización severa de las ventas, ya que las empresas no consiguen completar la demanda interior con la que debería llegar desde el exterior; y de ahí pasamos inexorablemente a una reducción del empleo. Sin puesto de trabajo y sin el salario correspondiente, la gente no consume, lo que provoca una reducción de la actividad empresarial y nuevas y mayores pérdidas de empleo, desde donde volvemos a realimentar todo el proceso dentro de un círculo infernal.
Bueno, pues de momento nos equivocamos de plano. Esa historia es, hoy por hoy, una pura ficción, el fruto de mentes aquejadas por una de las cepas más resistente del virus del pesimismo, cuando no obnubiladas por perversas intenciones políticas. Nadie contrata trabajadores si no tiene trabajo que ofrecerles; así que de momento los malos augurios no se hacen realidad.
La verdad de hoy, la excelente noticia incontestable es que las cosas están muy bien. En caso contrario, ¿en qué se entretienen a lo largo de su horario laboral en el taller, en la obra, en el camión, en el campo, en la mina, en el barco, en el hotel, en la escuela, en el hospital o en la oficina esas 18.640.331 personas afiliadas a la Seguridad Social que cobran su sueldo cada mes? i.m.gardoqui@diario-elcorreo.com