Hace quince días anunció un ultimátum contra su propio partido. Carla Antonelli, coordinadora del Área Transexual del PSOE, demandaba que la Ley de Identidad de Género había de aprobarse antes del 30 de junio y ella, como otras compañeras, prometió que no comería bocado hasta conseguir que el prometido borrador se convirtiera en norma. La aprobación en Consejo de Ministros satisface una vieja aspiración, aunque sus reivindicaciones se encaminan ahora hacia la sanidad pública.
-¿A qué achaca la demora en la aprobación de una ley incluida en el programa electoral del PSOE?
-Se ha hablado de oportunidades políticas. Hay gente que creía que había que distanciarlo de la ley de matrimonio homosexual, por las razones que fueran. Por fin se inicia el trámite parlamentario y se ve reconocido el derecho a una documentación adecuada a nuestro verdadero sexo. Se trata de una oportunidad histórica de reconocimiento tras veintisiete años de condena al ostracismo.
-¿Esta aprobación cierra su lucha?
-Es una de nuestras principales reivindicaciones, pero seguimos trabajando por un derecho a la sanidad pública que la OMS recomienda que se incluya en el catálogo de prestaciones sanitarias. Ha de entenderse que esto es un problema de salud y tiene solución en la mayoría de los casos mediante un proceso de reasignación de genitales. La nueva norma legal establece que no es necesaria una cirugía. Más de un 50% no accede a ella porque no puede o no quiere, pero son hombres y mujeres de pleno derecho y su identidad ha de ser reconocida.
-¿Pedirán que esa prestación la realicen las autonomías?
-Se va a trabajar desde las comunidades y el marco estatal, buscando en el Consejo Interterritorial el consenso que permita su asunción por las autonomías.
-¿Han mantenido conversaciones con el PP para conseguirlo?
-En la Asamblea de Madrid, el PP se comprometió a crear una unidad de género para tratamientos psicológicos, endocrinológicos y quirúrgicos. Es muy importante que se haga cargo de nuestras aspiraciones porque, con los papeles de Salamanca, sí, pero con los derechos humanos no se puede hacer oposición política. Es una cuestión insana.
-Queda pendiente el cambio de mentalidad hacia un colectivo marginado y víctima de agresiones.
-Tenemos que pasar por un proceso de pedagogía social, que la sociedad entienda que somos personas como el resto, algo aparentemente tan obvio. Por el hecho de ser transexuales, no respondemos a parámetros cuadriculados. Sería tanto como despojarnos de nuestra alma de ser humano.