Juan José Castillo, prejubilado de Sidenor, es a sus 58 años todo un deportista dispuesto a dedicar su tiempo libre a abordar nuevos retos. El último: recorrer el Camino de Santiago a pie desde Roma y tan sólo dos meses. Su aventura comenzó el pasado 23 de mayo en la capital italiana, hasta donde se desplazaron su hijo Igor y su esposa Loli Ruiz para acompañarle en los primeros momentos de una hazaña que le llevará a 'patear' unos 2.700 kilómetros por Italia, Francia y España.
«Va por el recorrido de la vía Aurelia, que conduce desde Roma hasta la desembocadura del Ródano, y luego tomará la Dominica, la de los Pirineos. Pero como ya no quedan restos de las calzadas romanas, casi todo el trayecto es por carretera», explica su hijo Igor, buen conocedor de los detalles del periplo. Las etapas más difíciles serán las de los Pirineos. «Antes de cruzarlos quiere ir a Lourdes, porque también hace el viaje por motivos religiosos, y después pasará por Sant Jean Pied de Port para alcanzar Roncesvalles y continuar por el camino francés», añade. Esto obligará al caminante a salvar mil metros de altura antes de pasar a otro lado de la frontera.
A su llegada a Navarra, su familia tiene intenciones de visitarle y «quitarle algo de peso porque lleva 19 kilos de carga». Y es que Juan José acarrea con la tienda de campaña porque está empeñado en dormir en el Camino hasta Roncesvalles. «A partir de ahí, ya hay albergues de peregrinos y no necesitará el diccionario que se ha llevado», continua Igor. Luego, afirma, la ruta será mucho más fácil porque está señalizada, no hay que circular por carreteras y, además, el aventurero llodiano ya se lo conoce.
Ahora, en Montpellier
En estos momentos, Juan José se encuentra en las inmediaciones de la ciudad francés de Montpellier. «Recorre unos veinticinco kilómetros diarios, pero es una cifra variable, porque depende de los lugares que visita, porque también quiere conocer los sitios por los que pasa».
Pero a pesar del enorme esfuerzo físico que exige esta aventura, para el llodiano lo más difícil son los problemas para comunicarse en otras lenguas. «Sólo sabe castellano. En Italia se entendió bastante bien, pero en Francia ha tenido más dificultades», revelan los familiares. No obstante, también estos obstáculos del idioma los va superando este aventurero que «va poniendo los sellos a su itinerario en las parroquias que encuentra» y no sin acumular anécdota. «En un pueblo francés le llegó a recibir el arzobispo», dice Igor. Y es que no es habitual que alguien haga toda la ruta santa completa.
Si las piernas no le fallan, espera poder llegar a Santiago a finales de julio, donde de nuevo estarán su mujer y su hijo para recibirle.