Para los hinchas polacos, el comienzo de la Tercera Guerra Mundial ya tiene fecha y lugar: 14 de junio en Dortmund. Ese día se enfrentarán en el Westfalenstadion Alemania y Polonia. Si las amenazas que llegan de Varsovia, Cracovia y otras capitales polacas, vía televisión y periódicos alemanes, se hacen realidad, los 'hooligans' polacos pueden convertir la ciudad en un sangriento campo de batalla.
'Venganza por la Segunda Guerra Mundial'. 'Cada alemán, una morcilla'. Son algunos de los gritos de guerra que se escuchan en los estadios y calles de Polonia, donde, cada fin de semana la policía intenta evitar que los fanáticos destrocen automóviles y escaparates comerciales. «Nos preparamos para la Tercera Guerra Mundial», gritan los alborotadores. ¿Una broma de mal gusto o una amenaza real? «Polonia tiene un problema con los 'hooligans'», admitió recientemente el ministro alemán de Interior, Wolfgang Schäuble, cuando un periódico de Berlín quiso saber si las autoridades eran conscientes del potencial de violencia que caracteriza a los fanáticos polacos. «Estamos trabajando estrechamente con las autoridades polacas para impedir actos de violencia en el Mundial», dijo.
El temor del Gobierno alemán no es gratuito. El peligro ahora proviene del Este y, en especial, de Polonia, un país que comparte una larga frontera con Alemania. Una pequeña muestra de lo que puede ocurrir en Dortmund o en Berlín, cuando comience la gran fiesta deportiva, tuvo lugar en el mes de marzo en Cracovia. Tomek, un hincha del club Cracovia fue acorralado por un grupo de 'hooligans' del Wisla. El joven fue hospitalizado con 20 heridas cortantes en su cuerpo.
Durante la noche, cuando los médicos intentaban salvarle la vida, los 'hooligans' atacaron el hospital para rematar al enemigo. «La policía arrestó a los vándalos, pero la guerra continúa», sentenció el periódico Gazeta Wyboroza. Otro caso. Marcin tenía 21 años y era hincha del Wisla. Un fanático del Cracovia le clavó un cuchillo en el estómago. La víctima, su hermano y dos amigos habían presenciado el partido entre los máximos rivales en un bar. Cuando el joven abandonó el local, luciendo la bufanda de su club, fue avistado por cuatro hinchas rivales que viajaban en un Mercedes rojo. Cuando el coche pasó al lado de Marcin, Piotr saltó del auto y le segó la vida de una cuchillada. Marcin se convirtió en la sexta víctima mortal de la 'guerra santa' que libran desde hace meses los hinchas de ambos clubes en Cracovia.
Ambos sucesos, que fueron recogidos por la prensa de Berlín, y la certeza de que Polonia cuenta con unos 20.000 'hooligans' que ya han iniciado sus preparativos para cruzar la frontera durante el campeonato, terminaron de convencer a las autoridades alemanas de que uno de los grandes problemas que amenazan la buena marcha del Mundial proviene del frente polaco. «Son muy brutales», afirmó Susanne Gelbhardt, una periodista de la cadena pública ZDF, durante un reportaje que mostró a los fanáticos mientras se enfrentaban a la policía en Stettin. «Cuchillos, cadenas, bates y hachas son algunas de las armas de su arsenal».
Sin entradas
Hace una semana, el vicepresidente de la policía de Berlín, Gerd Neubeck, reconoció que una gran parte de los hinchas violentos de Polonia no cuentan con el dinero suficiente para hacerse con una entrada para el Alemania-Polonia. Pero se sabe que cientos de ellos ya han anunciado que viajarán hasta Berlín para presenciar el duelo en las pantallas gigantes que se instalarán en distintos puntos de la ciudad. La coincidencia de hinchas radicales polacos y alemanes puede convertir las calles en el escenario de una batalla campal. Para evitar una catástrofe, las autoridades de los dos países han elaborado un protocolo de medidas preventivas. El Ministerio de Interior polaco prometió que reforzará la línea fronteriza con varios miles de agentes y ha cancelado las vacaciones, desde el 1 de junio hasta el 15 de julio, de todo el personal que integra la policía fronteriza.
Diez mil soldados polacos se encuentran en estado de alerta permanente y unos 500 agentes de seguridad acompañarán a los hinchas en su viaje hasta Berlín en autobuses. Pero las autoridades no cuentan con un archivo completo de 'hooligans' polacos, un registro que les permitiría identificarlos y prohibirles la entrada al territorio alemán, como sucederá con los británicos y holandeses.
Peor todavía. Se conoce que los temibles seguidores polacos están bien organizados e incluso han decretado un 'alto el fuego' entre ellos para llegar unidos a Alemania. Es más, han preparado estrategias de ataque al enemigo alemán y cuentan incluso con personal dedicado a atender a sus heridos. Su presencia también ha alertado a la Federación alemana y al seleccionador Klinsmann, pero por una razón diferente. Se teme que dos de las estrellas del combinado alemán, Podolski y Klose, puedan estar en la mira de los fanáticos. Los dos delanteros nacieron en Polonia y entre ellos se comunican en su idioma natal.