El ex teniente coronel de Artillería, Ollanta Humala Tasso, de 43 años, promete dar la batalla en el Congreso contra el futuro Gobierno de Alan García. Mal encajada la derrota, que se resistió a reconocer hasta entrada la noche del domingo, el candidato de Unión Por el Perú (UPP) entiende que la guerra por el poder no ha terminado. «Me siento ganador. En sólo un año hemos conseguido cambiar el mapa político del país, despertar la conciencia del pueblo peruano (...) Somos la primera fuerza parlamentaria y hemos ganado en la mayoría de los departamentos de Perú», recordó.
Las declaraciones de Humala se ajustan a la realidad de los números. Unión por el Perú (UPP), el partido que fundara Javier Pérez de Cuéllar, tiene mayoría relativa en el Congreso. El ex secretario general de la OEA cedió las siglas de su formación a Humala, para que éste pudiera presentarse a las elecciones. Con ellas como estandarte consiguió 45 de los 120 escaños que conforman el Congreso unicameral peruano. El APRA de Alan García le sigue con 36 mientras que Unidad Nacional (UN) de Lourdes Flores, la candidata conservadora que quedó en tercera posición en la primera vuelta de las elecciones, obtuvo 1,7 y, si bien dijo que apoyará a la nueva Administración, destacó su papel de «fiscal». Con dos escaños menos que ésta se quedó el partido de Alberto Fujimori, mientras que el del presidente Alejandro Toledo (Perú Posible) apenas logró sentar a dos diputados en el hemiciclo, igual que el ex mandatario Valentín Paniagua que ayer anunció que se retira de la política. Con este escenario presente, Humala insistió en su «histórica victoria social y política en este proceso electoral».
El fracaso
Como primera medida post-electoral Humala Tassó, aprendiz de golpes de Estado fracasados, guardó definitivamente en el armario el uniforme verde oliva y se enfundó en el traje de civil que luce un jefe de la oposición. Llamó a la formación de un frente popular donde tengan cabida sindicatos, movimientos sociales y todos los sectores que rechacen «el neoliberalismo. Hoy empieza la gran transformación de nuestro país. Es posible hacer un nuevo Perú y construir una sociedad sin discriminaciones».
Sin experiencia política, el último delfín del «tiburón Chávez», en palabras de García, dejó ver la herida abierta que le produjeron los ataques verbales de su adversario al que, a diferencia del electorado, no piensa conceder perdón de ninguna clase. Cuando la totalidad de los escrutinios rápidos, con menos de un punto de margen de error posible, daban una victoria indiscutible para el líder del APRA, Humala atacó: «He visto que uno de los candidatos ha dado su discurso como si fuera presidente sin los resultados de la ONPE (Oficina Nacional de Procesos Electorales) ¿Qué soberbia! ¿Hasta para eso hay que tener dignidad!». Reconocida minutos después la derrota se negó a estrechar la mano que le había tendido su adversario para recordar que tiene planes propios: «Abrir las puertas a un mega proyecto que debe aglutinar a todas fuerzas sociales, distritales, provinciales, regionales...». En ese contexto rescató lo que ha sido su bandera de campaña, atizada con viento adverso por Hugo Chávez: «La antorcha del nacionalismo permitirá que no haya ciudadanos de primera, de segunda y de tercera categoría, que no haya excluidos».
De vuelta a la composición del Congreso, Humberto Lay, secretario general de Restauración Nacional, advierte de que «es preocupante este equilibrio de fuerzas, porque obliga a una buena muñeca por parte de Alan García», pero la tranquilidad del país, «dependerá mucho de la actitud que tenga Ollanta Humala y su gente». De momento, el teniente coronel de Artillería está herido en su orgullo, «más por las ofensas personales que por la derrota», confiesa el hombre que siempre está dos pasos detrás.