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Martes, 6 de junio de 2006
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Un informe de Londres revela que la saturación de móviles dificultó las asistencias el 7-J
Los problemas de comunicación tras los atentados han obligado a potenciar un nuevo sistema de emergencias
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La respuesta de Londres a los atentados del 7-J fue elogiada por casi todo el mundo. Se anotó la eficacia de los servicios de emergencia para mantener orden en una metrópoli sacudida por explosiones en diferentes líneas de transporte poco después de las nueve de la mañana. Se elogió también la frialdad de la respuesta, el orden y la sobriedad.

El informe presentado ayer por un comité del Ayuntamiento de Londres presenta, sin embargo, un cuadro diferente. Como explicaba su presidente, Richard Barnes, los servicios de emergencia respondieron bien, pero «la dimensión del ataque fue tal que es lógico que se produjeran problemas». Los principales surgieron en los canales de comunicación.

Fue la crisis de la fiebre aftosa en 2001 la que desveló a los responsables del Gobierno británico que las estructuras y mecanismos de defensa civil existentes en la guerra fría habían prácticamente desaparecido. Entre montañas de ganado ardiendo con la mecha prendida por un Ejército se entendió que había que hacer algo.

Policías, bomberos, ambulancias habían ensayado los nuevos mecanismos recientemente. Y se pusieron en marcha cuando ya hacia las 9.30 del 7 de julio de 2005 hubo constancia de que Londres sufría una gran emergencia. Puesto que el incidente incluía bombas, Scotland Yard se encargó de coordinar la operación. Era oro del Comando de Oro. Y convocó a todos los demás servicios a su sede del centro de Londres.

Allí se decidió seguir la pauta de previos ejercicios. Todos los miembros del comando se trasladaron a Hendon, en el noroeste de la capital, hasta que se descubrió que eso generaba mayúsculos problemas de comunicación y transporte a varios jefes de servicio. El comando regresó a Londres donde se descubrió que comunicarse seguía siendo un problema.

Confianza excesiva

Había ocurrido en el 11-S en Nueva York y se repite cada Nochevieja. Las comunicaciones mediante teléfonos móviles se multiplican y se crean problemas de saturación. Sucedió en el 7-J y bomberos, ambulancias y policías descubrieron que confiaban en exceso en los móviles. En el reino de taifa de la City financiera se ordenó suspender este tipo de telefonía sin encomendarse al Comando de Oro.

Los atentados planteaban problemas específicos, porque tres bombas habían explotado en el suburbano. Los operarios de servicios de emergencia en el interior de los túneles no podían comunicar con los del exterior. Hace dieciocho años, tras el incendio en la estación de King's Cross, se decidió crear un sistema integrado de comunicaciones suburbanas, pero aún no se ha hecho.

La recomendación del comité del Ayuntamiento, asumida por los servicios, es la extensión a todos del sistema de comunicación Airwave, que usa la tecnología Tetras. Todos los cuerpos de emergencia tendrían que tener acceso a esa red y los 'walki-talkies' sofisticados que permiten la comunicación en el sistema. El objetivo es que entre en funcionamiento en 2008.

Es ya la mayor red de información segura en el mundo, con 150.000 usuarios, y ahora quiere convertirse en la columna vertebral de la repuesta integrada de Reino Unido a una emergencia. Lo curioso es que el sistema es administrado por Telefónica, que lo hace desde su adquisición de la compañía británica O2.

El informe ofrece otras recomendaciones -mayor atención a los heridos que no necesitan asistencia urgente pero pueden precisar cuidados postraumáticos, más diligencia en la provisión de instalaciones para familiares de víctimas, y de ambulancias-, pero es la integración y solidez de las comunicaciones lo que más ha llamado la atención de los autores del informe.



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