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Martes, 6 de junio de 2006
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SOCIEDAD
ALEJANDRO ROBAINA, PRODUCTOR DE TABACOS DE VUELTA ABAJO
«¿Fúmese un habano, carajo, y vuelva a vivir!»
El veterano veguero cubano, de 87 años, vaticina una «explosión» mundial de la cultura de los tabacos puros
«¿Fúmese un habano, carajo,  y vuelva a vivir!»
IMAGEN. Don Alejandro Robaina prende un cigarro habano. / I. PÉREZ
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DE VUELTA ABAJO

DE VUELTA ABAJO
Alejandro Robaina cultiva 16 hectáreas en El Pinar (San Luis), en Vuelta Abajo, donde produce las hojas que envolverán los habanos, la capa, algo así como el traje de los vegueros. La historia de los Robaina se remonta a 1865. En 1977 el Gobierno cubano le quiso rendir un homenaje y le dedicó una marca, los Vega Robaina.

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Es el sastre de los habanos. De sus 16 hectáreas en Las Cuchillas de Barbacoa, en las míticas tierras cubanas de Vuelta Abajo, salen las capas que visten los mejores cigarros del mundo. Alejandro Robaina tiene 87 años, la vida escrita en los surcos de su cara y el pulso firme para sostener un 'clásico' que lleva la vitola con el apellido de su familia. Don Alejandro pide candela y enciende (es la sobremesa) su tercer cigarro del día. «A veces me excedo», sonríe. Entre volutas espesas y grises, el veguero se entrega a la fuma y a la charla.

«Yo comencé a fumar con 10 años. Empecé a liar mis tabaquitos, muy de madrugada, con las hojas que le sobraban a mi padre, Maruto Robaina, después de torcer los suyos. Primero fue como un juego. Hasta que un día me llamó y me dijo: 'puedes fumar, no te escondas...'. Los cigarros, las flores y las mujeres es lo que más me gusta en el mundo. Fumar es una cosa muy importante en la vida. ¿Tiene usted preocupaciones?»

-Alguna, la verdad...

-¿Pues fúmese un habano, carajo, y vuelva a vivir! Cualquier momento de preocupación se olvida con un buen puro. El humo te regala el placer de la vida.

-¿Cómo es la suya?

- Me levanto muy temprano en la mañana. A las seis. Me tomo un café y enciendo un puro. Me voy a fumarlo debajo de un árbol. Es el que mejor me sabe.

-¿Qué le gusta?

-Nada es igual al placer de mi fuma. Si me prohibieran fumar mi vida estaría vacía. Me gusta saborear el humo, que no trago, recrearme en el color de la ceniza, que no sea del todo blanca, apreciar el tiro, la fortaleza del tabaco... Luego me voy a visitar el campo con mi breva.

-En coche...

-Si hubiera usado coche no estaría ahora aquí charlando con usted. Camino y camino. Y hablo con las plantas. 'No me hagas quedar mal, coño'. Les pido que me den una buena cosecha.

-¿Y?

-No me han fallado nunca. En la cosecha de 1979-1980 el moho azul acabó con el 95% de las plantas cubanas de tabaco. 65.000 hectáreas. Aquel año yo tuve la mejor cosecha de mi vida.

-La gente tampoco le falla.

-Como mi padre, soy incapaz de ofender y de mostrarme huraño. Heredé también este problema del dedo jorobado de la mano derecha, un sello de los Robaina.

«Un productor empírico»

-¿Qué es un guajiro?

-Un hombre del campo que sabe de sus cosas. Antes de que una de las hojas que cultivo tapadas llegue a las manos de un torcedor hay un proceso de 170 pasos, sin contar el semillero. Soy un productor empírico, no he estudiado. Soy muy observador de la Naturaleza. Esa es mi ciencia.

Alejandro Robaina guiña el ojo derecho y sonríe. Se retrepa en el sillón y tira de habano. Enganchado en la solapa de la chaqueta lleva un prendedor de oro y plata. El veguero toma café negro. La punta de su cigarro aparece mordida, deshilachada, vivida y disfrutada... «La Ley Antitabaco de su país es una injusticia contra el fumador. Claro que el no fumador tiene derechos, pero... Oígame. Va a tener el efecto contrario. El puro va a ser una explosión en el mundo. Va a pasar como en Estados Unidos cuando se retiraron las bebidas alcohólicas. Por todo el mundo se están abriendo 'cluses' de fumadores. Vengo de Italia y de Malasia y los hay a cientos».

«Habanos para todos»

-Sus tierras parecen un mar de tela, porque cultiva las plantas tapadas para conservar el color.

-Sí. Producimos corojo y tabaco criollo porque no queremos abandonar ese patrón del color criollo. Antes se buscaba mucho esa pintica blanca en la capa, la manchita de ajonjolí. Nuestras hojas tienen que ser perfectas. Nadie puede rozarlas ni tocarlas. Un toquecito supone una marca que todo el mundo verá cuando se tuerza el puro. ¿Problemas para las matas? Muchos. El moho azul, la pata prieta, la capa de ozono... Sí, sí, notamos la capa de ozono. En estos años las temperaturas han cambiado mucho. Y abundan los enemigos: los bichos, como los cogolleros.

-¿Y qué hace cuando vuelve a su casa después de pasear?

-Charlar. A partir de las 10 me entra mucho turismo.

-Dentro de poco, los 35 millones de nuevos millonarios chinos querrán fumar también habanos.

-Seguro. Pero en Vuelta Abajo tenemos miles de hectáreas por cultivar. Cuba puede producir 5 veces más habanos que ahora. Habrá para todos, no se preocupe. Para los españoles, los mejores fumadores de puros del mundo, también. Eso es bueno. Para vivir necesitamos fumar, el trago de ron, los paseos, los viajes...

Alejandro Robaina sabe de habanos, de pájaros (de los escasos frailecillos, del cernícalo, del judío, del tocororo, del doméstico zunzún de sus vegas) y de las hermosas flores del tabaco que hay que arrancar para la cosecha. De hospitalidad y filantropía. Cuida a sus guajiros como si fueran familia, les construyó con sus esfuerzos la primera escuela y apoya ahora a los impedidos físicos de su comarca. «¿Ah, cuando vienen a enseñarme las medallas que han ganado en sus sillas de ruedas, me siento feliz!». Y es como para hacerle caso.



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