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Martes, 6 de junio de 2006
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SOCIEDAD
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El mal de codos
Con la llegada de la época de exámenes, muchos jóvenes modifican sus horarios y ritmos de trabajo para optimizar el rendimiento; una buena planificación previa puede aliviar este pequeño trance
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EL EXPERTO

RECOMENDACIONES
Dr. Javier Lavilla

Especialista de la Clínica Universitaria de Navarra

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Junio es el mes en el que millones de estudiantes se ven obligados a preparar sus exámenes y a modificar sus horarios de trabajo y otros hábitos en busca de la mejor nota. Para que ello no afecte la salud, es importante mantener un ritmo fijo y bien distribuido, con períodos breves de descanso cada hora, y abordar la materia más difícil en los momentos de mayor rendimiento, que suelen coincidir con la mañana. No conviene disminuir el tiempo dedicado a dormir ni acumular horas de estudio en pocos días, ya que ello genera desorden y nerviosismo, lo que deriva siempre en un menor rendimiento.

Es imprescindible contar con un lugar de estudio apto, que disminuya la fatiga y no facilite las distracciones, con un ambiente tranquilo y una mesa y silla en condiciones. En el momento de comenzar a trabajar se debe contar con todo el material a mano y ordenado. Unos apuntes elaborados a conciencia facilitan y aportan mayor fluidez al proceso. Asimismo, conviene recurrir a la realización de esquemas o subrayado 'inteligente' de la materia, pues supone una primera elaboración y asimilación que facilita la posterior memorización.

El estudio, además, debe ser una labor diaria que -junto a la materia nueva- incluya también el repaso de la ya estudiada. Todo ello se debe a que nuestro cerebro pasa por varias fases cuando se enfrenta a la asimilación de cualquier contenido. En primer lugar, se produce la captación de la información, luego un proceso de asimilación y elaboración que conlleva su fijación en la memoria y, finalmente, se usa todo el material consultado en el momento del examen o prueba. Cada uno de esos pasos puede resultar más o menos complejo, según las circunstancias del ambiente o las características de cada persona. Evidentemente, no todos tenemos la misma capacidad intelectual, ni la misma facilidad ante tareas tanto de memoria como de lógica.

Para conseguir estudiar con eficacia, es importante captar de forma adecuada la materia a asimilar. Es recomendable aprenderla con esquemas y relaciones entre conceptos, para finalmente fijarla ordenadamente y con claridad en la memoria. Pero el material retenido se va perdiendo con el paso del tiempo, tanto cualitativa como cuantitativamente, por lo que se presenta difícil la misión de mantener la capacidad de acceso a la información almacenada.

Base neuroanatómica

Todo este proceso tiene una base neuroanatómica y precisa de unas determinadas condiciones personales y ambientales, que puede ser diferente según predominen en el tipo de materia estudiada los conceptos concretos o abstractos y los conocimientos teóricos o prácticos. Llegados a este punto, será importante mantener un adecuado nivel de atención y agilidad mental, así como capacidad para, al final, hacer frente a una determinada prueba. Ya desde los primeros años escolares es imprescindible fomentar el esfuerzo mental del estudio.

Algunas personas tienen una especial dificultad para centrarse en el estudio. Aunque pueden mostrar un nivel de inteligencia adecuado, encuentran dificultades para atender con suficiencia una determinada tarea. Suelen tener problemas relevantes a la hora de sacar adelante el expediente escolar, sin que se advierta muchas veces ese trastorno, sobre todo cuando se observa una capacidad intelectual que no justifica los resultados obtenidos. Pasan por inconstantes muy a menudo, con poca capacidad para centrarse en una determinada actividad, distraídos y desordenados. No acaban las tareas en la mayoría de los casos y presentan unas aficiones un tanto erráticas. Se aburren fácilmente.

Cuando este trastorno aparece con todas sus manifestaciones -especialmente en la etapa infantil-, se suele diagnosticar sin grandes dificultades. Sin embargo, los defectos de este tipo se advierten bastante tarde, casi siempre en la etapa adulta de las personas.

Lógica y conceptos

La capacidad para asimilar conceptos no es la misma en todas las personas e inteligencias. Hay mentes especialmente preparadas para absorber conceptos abstractos, esquematizándolos y relacionándolos. Esa facilidad implica una habilidad a la hora de manipular esos términos. De hecho, hay estudiantes con esa aptitud muy desarrollada. Son personas que captan todos los conceptos con rapidez y que acostumbran salir de clase prácticamente con la lección aprendida, especialmente si se trabaja con matemáticas o ciencias lógicas. Otros, en cambio, manifiestan una dificultad notable para ese proceso de asimilación. Puede ser porque no han desarrollado suficientemente la capacidad manipulativa de conceptos, bien por un proceso educativo no compensado o desarrollado adecuadamente, o simplemente porque no hayan sido capaces de manifestar esa habilidad. Promover esa capacidad pertenece con frecuencia al mundo del desarrollo preescolar y los primeros años.

Sin embargo, en los años posteriores estas personas deberán suplir ese defecto con esfuerzo. Habrán de ser capaces de preparar bien la materia antes de conseguir asimilarla. En esa tarea necesitarán llevar a cabo -de una forma muy concienzuda- una labor de esquematización y establecimiento de relaciones entre conceptos. Por decirlo de alguna forma, tendrán que estudiar al día preparando la materia obtenida, buscando esos conceptos importantes intentando relacionarlos y asimilarlos. Respetar un horario fijo para hacer tareas.

Promover el sentido de responsabilidad ante el estudio.

Evitar las chapuzas -el todo vale-, pero huir también del perfeccionismo -miedo a fallar-.

Motivarse por el propio esfuerzo, no sólo por los resultados.

El estudio no ha de usarse nunca como método de castigo con el niño. Es una oportunidad para su desarrollo personal.

Favorecer la afición a la lectura y a los juegos de lógica.



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