Llevaba tanto tiempo en ruinas que la decena de vecinos de Betolaza -pueblo de Arrazua-Ubarrundia- casi ha olvidado a quién estaba consagrada. La ruina de la iglesia de Santa María comenzó hace mucho. Tanto que el presidente de la junta administrativa, José Luis Basabe, de 47 años, tiene muy borrosas las imágenes de cuando aún se utilizaba para rezar. «Me acuerdo muy poco, la verdad. Yo era un crío».
El progresivo despoblamiento de un núcleo que llegó a tener dos centenares de habitantes en el siglo XIX fue el origen del abandono de la iglesia. «Hace unos cuarenta años, el tejado estaba ya muy deteriorado pero no había dinero para arreglarlo», relata Basabe. Ante el temor de un hundimiento que provocara un fatal accidente, se optó por construir una pequeña capilla para el culto litúrgico. Esta decisión supuso el principio del fin de un templo medieval que venía agonizando desde mucho tiempo atrás.
Las instituciones religiosas y civiles dieron la espalda a una iglesia cuyo origen se remontaba a la Edad Media y nadie más volvió a ocuparse del viejo edificio hasta que se produjeron los primeros derrumbes.
Hará unos diez años, el pueblo decidió tomar cartas en el asunto por el peligro que suponían los continuos hundimientos de las viejas piedras. Sus habitantes lograron la titularidad de lo que ya era una ruina y el respaldo de la Diputación para consolidar la bóveda que aún se conservaba.
Desde hace cinco años, donde hubo un altar hay canastas de baloncesto, porterías de balonmano y una bolera. La vieja torre acoge los aseos y el coro se ha recuperado como «sala para que los chavales tengan donde reunirse o como local donde los vecinos hacemos las comidas de hermandad en las fiestas».
El retablo, en Valencia
El esfuerzo «ha merecido la pena», resalta Basabe, porque «además de contar con un espacio multiusos, tenemos la satisfacción de haber conservado la iglesia de siempre».
El presidente de la junta administrativa no lo dice pero la recuperación del templo ha servido también para sacarse una doble espina. El deterioro del edificio fue parejo a la pérdida del patrimonio mueble. Los vecinos aún se duelen de que «el coro acabara en una iglesia de Valdegovía» y lo que es peor, de que el valioso retablo adorne el altar principal de la real parroquia de los Santos Juanes de Valencia, ubicada junto a la Lonja y el mercado de la Ciudad del Turia. Demasiado lejos de este pueblecito de Arrazua Ubarrundia, situado a sólo 13 kilómetros de Vitoria.