Con sus siete meses de infanta vivaracha y curiosa, como cualquier bebé que empieza a descubrir el mundo, Leonor afrontó ayer con 'responsabilidad' institucional -sin lloros ni berreos- su cita con la Virgen de Atocha. La futura heredera cumple así con una tradición en la monarquía española. Esta Virgen ostenta el título de 'protectora' de la Familia Real desde los tiempos de Felipe IV, en el siglo XVII, aunque la costumbre de ofrendar a los bebés reales la acuñó Isabel II tras sobrevivir junto a su hija al atentado del cura Merino en 1852, a la puerta de la basílica.