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Jueves, 8 de junio de 2006
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OPINIÓN
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¿Quién dirige el 'proceso'?
En buena medida, el mayor riesgo que acecha hoy al presidente Zapatero nace de los propios éxitos alcanzados ante la opinión pública con afirmaciones o declaraciones de propósitos que luego no estará en condición de mantener. A los catalanes se los ganó con aquellas rotundas palabras de que aprobaría en Madrid lo que ellos acordasen en Barcelona. Luego fue necesario hacer encaje de bolillos para que el proyecto de Estatuto no chocase frontalmente con el orden constitucional, sin desfigurar el texto del Parlament, y aún así la disconformidad de Esquerra se expresa en la campaña del referéndum esgrimiendo en primer término la promesa traicionada del presidente. En el camino, sucesión de afirmaciones pronto rectificadas por los hechos y de verdades a medias, siempre apuntando al norte de alcanzar el acuerdo dejando de lado las discrepancias de contenido, apoyándose en el dontancredismo del PP para ahorrar explicaciones. El eslogan electoral de los socialistas catalanes constituye la mejor ilustración de esa táctica: hace falta votar 'sí' al Estatut, no por sus virtudes propias, sino porque de ese modo se da en las narices al anticatalán PP. A falta de razones, vuelve el 'doberman'.

Los primeros pasos del 'proceso', tan necesario como kafkiano, abierto en Euskadi vienen a mostrar que Zapatero no sólo no ha aprendido nada acerca de los costes de ese tipo de márketing, sino que ni siquiera tiene en cuenta que las puestas en esta partida son ahora muy superiores. Está en juego mucho más que la aceptación o el rechazo de Carod o de Mas. Un buen resultado supondría el fin de casi cuatro décadas de terror e intimidación ejercidos sobre la sociedad vasca. Un fracaso llevaría a una enorme frustración colectiva y a la restauración del reinado del miedo. Lo malo es que los dirigentes del tándem ETA-Batasuna también lo saben, y conocen asimismo la absoluta necesidad que tiene Zapatero de que 'la paz' sea el punto de llegada de este 'proceso', que por lo menos en el vocabulario los etarras y sus asociados controlan plenamente. Pésimo síntoma.

El resultado final de la negociación sobre el Estatuto catalán dejó tocado al presidente ante la opinión pública española, pero todo cambió desde el primer momento al conocerse el comunicado de ETA. La organización terrorista pasa entonces a invertir los papeles, por lo menos en el discurso, asumiendo el papel de quien dirige 'el proceso', conforme reflejan las declaraciones a 'Gara' del 14 de mayo y el incidente que acaba de suceder en la Audiencia Nacional. ETA-Batasuna son perfectamente conscientes de que ZP no está dispuesto a arriesgar lo más mínimo. Otra vez un acuerdo final, aun con toda la letra pequeña borrada, le permitirá aplastar a los populares en las elecciones de 2008. El 'alto el fuego permanente' será leído como tregua definitiva sin que para nada aparezca la cuestión de la entrega de las armas, el rechazo de la violencia -aunque fuera en términos filosóficos- deja de ser requisito para que Batasuna se convierta en interlocutor público y empiece a funcionar como si su expulsión de la legalidad hubiese sido subsanada. El 'proceso' avanza, sorprendentemente siguiendo las pautas trazadas por los terroristas vencidos por las armas y por la ley. ¿Qué margen queda para el optimismo? Únicamente la dificultad de una ETA derrotada para reemprender el combate. Pero el asunto de la Audiencia muestra que en términos del mus pueden seguir tirándose faroles con plena eficacia.

Paradójicamente, en estas circunstancias, la mejor ayuda le viene al Gobierno desde el PP, aun cuando no debiera tampoco seguir estirando esta cuerda del modo en que lo está haciendo. Resulta inaceptable que en una entrevista con Rajoy, en vísperas del debate sobre el Estado de la Nación, le oculte prácticamente todo lo que piensa hacer y verosímilmente le sugiera lo contrario con tal de obtener el silencio del líder de la oposición sobre el tema ETA en la inminente sesión de Cortes. La victoria es pírrica, porque de este modo se justifica la táctica de tierra quemada preconizada por Aznar desde la sombra.

El PP fue incapaz de explicar en términos rigurosos y claros algo tan fácil como su rechazo del Estatut. Ahora se cierra las propias puertas al no utilizar siquiera como argucia retórica que ellos son los primeros defensores de la normalización -¿por qué diablos 'paz' o 'pacificación'?- de Euskadi. Del fin del terror. Si los dirigentes del PP no admiten negociación con ETA, debate político con el resto de los partidos vascos de cara a una reforma estatutaria, si ven el fuego infernal detrás del federalismo y de la consideración de España como 'nación de naciones', su único papel posible es el que están desempeñando, uno en términos moderados (Rajoy), otros de forma tosca y primaria (Acebes, Zaplana). Son un regalo de los dioses para que Zapatero presente sus promesas como único camino. Y la opinión, lógicamente, le sigue.

Zapatero es un comprador que no se fija en el precio de los artículos, y que de paso tiene enfrente un vendedor que sí lo conoce y que tiene bien claro cual es el beneficio que piensa obtener. ¿Para qué va Batasuna a rechazar 'la violencia' o a mendigar la legalidad si ve que el Gobierno se muere por otorgársela, y en todo caso la tratará como si fuera legal? Por eso de nada vale decir para la galería que con ETA no habrá negociación política -ni falta que hace: ETA ahí negocia mediante Batasuna-, ni que por encima de todo se encuentra el respeto de la Ley -ha asumido ya la derogación de facto de la Ley de Partidos y del Pacto Anterrorista-, ni que no se pagará precio político, ni que se ensalzará a unas víctimas a las que no asigna como tales papel alguno. ZP va a negociar el fin de ETA, tratando de conciliar formalmente las concesiones políticas con la Constitución. Muy posiblemente, vale la pena asumir semejante riesgo. Pero, por favor, hable por lo menos tan claro como el otro jugador en 'el proceso', y diga la verdad sobre lo que hace y sobre lo que espera. A la opinión pública española esto no suele hacerle daño. El tiempo de la oscuridad fue útil, pero ya ha terminado. Y una chapuza bajo una pancarta deteriorada de 'la paz' tendría consecuencias lamentables para todos. Como ya las tiene, de cara a la propia negociación, el abismo abierto entre los dos grandes partidos.



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