Menos de la mitad de los varones españoles no da golpe en casa. «No hacen nada o casi nada», según contestan en la Encuesta Social Europea. Eso responden hombres de todas las edades y condiciones. A modo de consuelo, los portugueses les aventajan en la escasa corresponsa- bilidad familiar. Este masculino e ibérico escaquearse del rutinario coñazo de las faenas domésticas debe ser de lo poco en que los jóvenes imitan y siguen a sus mayores con gran ahínco y perseverancia, sin ascos, sin que les parezca que están siendo antiguos, adocenados «carrozas» en su ser y estar en el hogar. Les va el viril folgar hogareño en ello, una herencia a conservar pasandola de padres a hijos. Total, que todo lo que se habla y se insta en eso de compartir labores del hogar viene a ser una árdua e inútil diatriba para un hombre sentado.
Retrocedes en siglos y ahí estaban los señores de la época barroca, llegando del trabajo, tirando la peluca sobre un sillón y apremiando a la esposa a que le sirviera el acostumbrado refrigerio. Por entonces destacaban mujeres por sí solas en actividades que le estaban vedadas, en las artes y las letras y de pocas quedaron sus legados junto a sus nombres. Últimamente los amantes del Barroco andan conmocionados: algunas obras de Juan Sebastián Bach no serían de él, sino que habrían sido compuestas por Anna Magdalena, su segunda esposa. Lo asegura el musicólogo australiano Martín Jarvis tras examinar con lupa partituras que juzgaba sospechosas entre ellas las 'Seis suites para violoncello'. Categórico afirma que el autor de las piezas no es otra que la señora Bach, que lejos de limitarse a su papel de copista habría escrito igualmente el aria de las 'Variaciones Goldberg', esa maravilla. A pesar de los argumentos estilísticos del experto, los interpretes actuales de Bach se resisten a creerlo, se muestran escépticos. No es posible. El papel de Anna Magdalena era mantener las 'suites' de la morada bien dispuestas aunque copiara la obra del genio en ratos libres. Alcanzar a la vez a componer 'suites' sublimes a la par que su genial pareja se les antoja a músicos de hoy una 'fuga' personal inconcebible del acotado rol femenino.