Después de realizar tres películas de acción con importantes estrellas de Hollywood y aceptable rendimiento en taquilla ('Con Air', 'La hija del General' y 'Tomb Raider'), Simon West parece que buscó refugio en la televisión donde ha permanecido dirigiendo episodios piloto de varias series. Ahora vuelve a la gran pantalla con esta modesta incursión en el cine de suspense, con pretensiones de terror, que se parece mas a la tarjeta de visita de un joven debutante que al trabajo de un director con conocimiento y resortes suficientes como para no sucumbir a las simplicidades de una clase B devaluada.
Como ocurre desde hace tiempo, el género del terror adolescente viene dando muestras de una absoluta falta de ideas, nutriéndose de los mismos recursos una y otra vez. En esta ocasión, lo que se nos cuenta es el acoso a una joven 'canguro' por parte de un sujeto desconocido que, antes de su ataque final, se dedica a llamar por teléfono de una forma tan incesante como aburrida. Nada, absolutamente nada, hay de novedad respecto a lo que se ha hecho ya hasta la saciedad.
Ambientada en una casa de moderno diseño y minimalista frialdad, se recurre a las luces tenues, sombras, ruidos, respiraciones y golpes, siempre estruendosamente apoyados por impactos de sonido, para crear un miedo escénico sin fuerza y con fácil previsión. El desarrollo se hace cansino y aburrido hasta llegar a un desenlace simplón, que sorprende por su inmediatez y escasa justificación.