Justo cuando parecía que el conflicto entre el Gobierno de Chile y los estudiantes se acercaba a un acuerdo, los alumnos radicalizaron ayer una de sus reclamaciones y resolvieron seguir con el paro y la ocupación de escuelas que comenzó hace veinte días en todo el país. El Ejecutivo criticó la «intransigencia» estudiantil, mientras el movimiento mostró fisuras tras las últimas decisiones.
Horas antes de partir de gira a Estados Unidos, la presidenta, Michelle Bachelet, se refirió a la alianza estudiantil como «la manifestación juvenil más grande de nuestra historia reciente», y exhortó a sus ministros a «no temer a la movilización ni a las protestas». Pero también reclamó a los alumnos «coherencia» y les pidió «ser parte de la solución y no sólo de las reclamaciones».
Los estudiantes lograron que el Gobierno eleve al Parlamento un proyecto de reforma educativa, un aumento de las becas para transporte e ingreso en la Universidad y raciones alimentarias para los alumnos. Sin embargo, el diálogo se estancó después de que la presidenta anunciara la creación de un consejo asesor para discutir la reforma educativa.
Los estudiantes quieren el 50% más uno de los puestos de este organismo y el Gobierno les da el 40%. Los líderes de la protesta afirmaron que no darán marcha atrás con esa exigencia, pero algunos delegados rechazaron la posición y ayer volvieron a clase.