Sube la presión, pero el Ayuntamiento sigue firme. El alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, advirtió ayer de que las continuas protestas protagonizadas por decenas de vecinos y colectivos en contra de la instalación de las rampas mecánicas del Casco Viejo no lograrán paralizar el proyecto. «Llevaremos las obras a su término», subrayó el regidor popular. «Los saboteadores son los mismos de siempre, los que utilizan la coacción y el chantaje», censuró.
El alcalde está convencido de que quienes protestan contra las tapices rodantes «quieren que el Casco Viejo sea para ellos, pero va a ser un lugar abierto a todos y para eso las rampas mecánicas son fundamentales». Alonso recalcó que «la mayoría» de los ciudadanos respalda el proyecto porque los vitorianos «quieren recuperar ese barrio».
Las obras de los cantones de San Francisco Javier y de La Soledad continuarán los próximos días bajo la estrecha vigilancia de la Policía Municipal, que el pasado 30 de mayo empezó a controlar los trabajos.
Mientras tanto, las protestas no dejan de arreciar. Momentos antes de que el alcalde advirtiera de que seguirá adelante con el plan, medio centenar de personas se concentraba ante ante las obras en la confluencia del cantón de San Francisco Javier y la calle Cuchillería. A las doce y media de la mañana varios grupos de jóvenes colocaron pancartas en contra de los tapices e iniciaron una protesta ruidosa golpeando cazuelas y utilizando silbatos. Algunos de ellos llegaron a emplear objetos metálicos para golpear las vallas de las obras.
Tras un cuarto de hora de estruendo, una furgoneta y un coche de la Ertzaintza se presentaron en la zona. Ocho agentes antidisturbios se posicionaron frente a las vallas e identificaron a tres jóvenes, dos de los cuales estaban golpeándolas. A la una de la tarde la concentración culminó sin más incidentes, dejando paso a otra 'cacerolada' organizada a las diez de la noche en la misma zona.
Iker Arroniz, vecino y hostelero del Casco Viejo, criticó que las rampas mecánicas «incumplen la ley de accesibilidad» y sólo buscan «traer turistas, por eso dicen que moverán a 9.000 personas cada hora». A su juicio, se convertirán «en un monstruo con una cubierta de dos metros de alto que dejará pasillos neutros a los lados».
Varios de los asistentes a la concentración anunciaron que las protestas «no van a parar» porque los vecinos «no quieren el proyecto de las rampas».