Dicen en la tele, o sea que ha podido escucharlo todo el mundo, que ya no hay 'cuarentonas'. Que son cosa del otro siglo. Sociológicamente hablando 'la cuarentona' es un recuerdo del ayer; agua pasada. En el presente, la pinta un reportaje televisivo como fémina plena de juventud con el encanto añadido de la madurez dorada y experimentada en las lides de la seducción. Llegan los cuarenta libres y salvajes a una selva de competencia irrefrenable, joven y descarada. Mas salen las de cuarenta retratadas hoy como emprendedoras, independientes y en la plenitud de sus armas y poderes. Pasa que los 'cuarentones' no han lidiado en iguales condiciones que las de sus pares del sexo femenino. Una 'cuarentona' no concitaba intereses pasionales cuando por contra un cuarentón fue siempre un varón cuando menos 'interesante', y en la mejor edad de merecer una segunda y aún más oportunidades en su bagaje amoroso.
Sin embargo, por qué será que una 'chica' de 44 años presenta su situación de la siguiente manera: Soy guapa. Trabajo. Vivo sola, sin hijos en una ciudad de provincias. De niña, fui romántica empedernida. Temblaba pensando en el príncipe azul y escribía poemas. Después, con el tiempo confieso que he dejado a alguno y algunos me dejaron a mí. Al momento, me encuentro practicando zapeo sentimental, de un corazón a otro a caballo de mis otros asuntos. Los hombres que encuentro me parecen del todo desorientados, recién salidos por lo general de una larga historia a quienes el gran amor horroriza. Al principio, juran que eres exactamente la pareja que buscan pero muy a menudo desaparecen sin dejar rastro. El problema está en que cuando un tipo en la cuarentena, divorciado, desembarca en el mercado del celibato puede convertirse en el rey del petróleo y darse alegrías propias de los 18. Seguro que se sufre por estar soltera pero queda la esperanza de un flechazo y lo creo y espero. En teoría, yo elijo cuando me propongo ligar. ¿No es éste el estado perfecto? ¿Hay algo mejor? Si me enamoro, pierdo mi libertad, pero esta libertad tampoco me aporta felicidad. Las mujeres queremos igualdad. Ellos no quieren más obligaciones ni compromisos. ¿Cómo salir de este enredo?